De coletas, camisas remangadas y chaquetas de pana

En la madrugada del pasado sábado, y en el programa de la Sexta, que tanto ha colaborado en la promoción de “Podemos”, me quedé, desagradablemente sorprendido, viendo y oyendo a su líder, el tal Pablo Iglesias. Por diversos motivos, el individuo en cuestión aparecía más moderado y menos exaltado.

Nada que ver con el que se vio, en la misma cadena y en el mismo programa, semanas antes, dirigiéndose, de una manera insultantemente chulesca, a Eduardo Inda, el periodista que no pierde nunca ni la compostura ni la educación.

Pero, la otra noche, el señor Iglesias, aunque no viste como tal, nada que ver, respondiendo con calma a una serie de tertulianos “improvisados” entre el público. Cada uno con su pregunta.

Cierto es que ninguno le puso en aprietos. Ni tan siquiera cuando dijo que, cuando él gobierne, cada producto de consumo se venderá con su seña de identidad, su origen. “Si es carne de Ávila, que se sepa que procede de ahí”. Iglesias se olvida que, desde hace muchos años, todos los productos en el mercado llevan marcada su procedencia. El pescado, incluso, en qué lugar del océano ha sido pescado. Me sorprendió que ni el presentador se lo rebatiera con rotundidad.

Ante la ingenua pregunta de una señora del público si cuando sea presidente (tiempo al tiempo) se cortará la coleta (su seña de identidad), Pablo aprovechó la oportunidad para reafirmar que ni se cortará la coleta ni se pondrá chaqueta ni, por supuesto corbata. Siempre en mangas de camisa ¡toma ya!

Al oírle, recordé a un gran político, de auténtica izquierda como fue Felipe González. Le entrevisté por primera vez en el barrio madrileño de La Estrella, donde vivía cuando todavía era secretario general del PSOE y la chaqueta de pana, una de las señas de su identidad como la coleta de Pablo
Iglesias.

Volví a verle en el palacio de La Moncloa, cuando era ya presidente del Gobierno y la chaqueta de pana había quedado solo para los anales de su biografía. Como Bellavista, el barrio obrero sevillano donde nació o Pez Volador, la calle donde vivió en Madrid hasta que ganó las elecciones y se convirtió en el primer Jefe de un gobierno socialista en la democracia.

Aunque el hábito no hace al monje “he dejado de ponerme la chaqueta de pana, un cambio lógico, como muestra de respeto al cargo que ostento y a las Instituciones. Pero no me separa ni de mis orígenes ni de mi manera de ser”, me diría. Cuando tuvo que vestir el ceremonioso chaqué o el festivo frac, se lo puso. Como tenía que ser.

Viendo y oyendo a Pablo Iglesias y a sus compañeros de partido, no puedo por menos que citar a Charles Dickens, cuando escribió: “No es ningún mérito estar lleno de animación y buen humor cuando se va bien vestido”.
Ahora me explico por qué los de Podemos están siempre disgustados, como cabreados.

Herodoto decía “Dad todo el poder al hombre más virtuoso que existe y pronto le veremos cambiar de actitud”.

Pues eso, tiempo al tiempo que el tiempo dirá.