Y sigue siendo… el Rey

No sólo para este columnista sino para muchos españoles. Se demostró el pasado sábado,11 de abril. Ese día hacía ya 296 que don Juan Carlos se había visto obligado a abdicar por presiones endógenas, procedentes del interior de su propia familia (esposa, hijo y nuera) y exógenas (grupos de presión política y económica).

Han pasado ya 296 días y, en todo este tiempo, no ha habido una explicación convincente y creíble para tal decisión. No olvidemos que en su último mensaje de Navidad había dejado bien claro su decisión de mantenerse en el trono mientras la salud lo permitiera.

Aunque también se alegó como causa de la renuncia motivos de salud. En estos 296 días don Juan Carlos ha demostrado estar como un toro, físicamente hablando. Si no fuera así, no podría llevar la vida que lleva con largos viajes transoceánicos y banquetes pantagruélicos sin régimen alguno.

Los expertos cortesanos lo achacan a que don Juan Carlos solo pretende alejarse para no restarle protagonismo a su hijo, un muchacho bueno sin esfuerzo pero carente del carisma de su padre.

Se vio el pasado sábado, con la presencia real en la plaza de toros de Brihuega, conocida con el nombre de “La Muralla”, donde 7,000 personas, el aforo del coso taurino puesto en pié, le tributaron un emocionado y entusiasta homenaje.

Hacía 296 días que el rey no recibía tantas ovaciones y aplausos que comenzaron nada más aparecer en la barrera del 1, no podía ser otra, siendo como es un gran aficionado, mientras el Himno Nacional ponía la carne de gallina a los espectadores. Tal cosa no sucedía ni cuando acudió la última vez al palco del Bernabéu. No olvidemos que la presencia de don Juan Carlos en la plaza de toros era privada.

Los aplausos y las ovaciones se repitieron cada vez que los toreros, Enrique Ponce, Morante de la Puebla y Manzanares, le brindaron cada uno de sus toros, lanzándole, como es tradición, la montera que el soberano cogió al vuelo, demostrando, también, tener unos buenos reflejos. Y todo esto, bajo una lluvia torrencial.

Se da la circunstancia de que esta plaza de Brihuega fue construida en 1965 y solo en doscientos días, casi los mismos que hace que don Juan Carlos abdicó. Lo que no evita que siga siendo el rey. Ni emérito ni leches, el rey.

Los españoles y la Fiesta Nacional se lo agradecen. ¿Cuándo veremos a Felipe y a su inefable esposa, tan anti taurinos ellos, en la barrera de una plaza de toros? Ni en el sueño de una noche de verano. Nada que ver la reacción del público de Brihuega cuando sonó el Himno Nacional con lo que le espera a Felipe VI en la final de la Copa del Rey entre catalanes y vascos.