¡Vive la France!

Hasta ahora para algunos, incluso para muchos españoles, Francia era el país vecino al que no se le tenía mucha simpatía porque se consideraba a los franceses ciudadanos antipáticos. (Los dos últimos embajadores, Bruno Delaye y el actual Jérôme Bonnafont, han colaborado notoriamente en cambiar esta opinión).

Suele ocurrir con los vecinos. Sobre todo, si son más importantes y más ricos. Se trata de viejos y viscerales clichés pasados de moda que se han mantenido inalterables con el paso de los siglos. La política también ha colaborado a este torticero sentimiento.

Pero, han tenido que morir nada menos que 150 personas, en uno de los más terribles accidentes aéreos, después del 11S, cuando dos pilotos suicidas estrellaron sendos aviones contra las torres gemelas, en este caso contra los Alpes, para que España entera se haya conmovido hasta las lágrimas ante el ejemplar comportamiento de Francia entera. Desde el presidente Hollande al titular de Interior y, sobre todo, al fiscal Brice Robin por su valentía, transparencia y eficacia.

En España, donde el oscurantismo tradicional imperante en todos los estamentos, pero, sobre todo, el judicial donde el “secreto del sumario”, solo sirve para prolongar los problemas, el dolor y la tragedia humana, la actitud del fiscal Robin, nos ha demostrado, con su ejemplar actuación, el respeto debido a quienes acudían al escenario del accidente preguntándose con angustia infinita ¿qué ha pasado? ¿por qué?

Y ahí estaba Su Señoría encerrándose a solas con las familias de las víctimas, ese día ellos mismos más víctimas que los muertos, ya que éstos, desgraciadamente, ni sentían ni padecían, para explicarles, con respeto, sentimiento y, a veces, emoción contenida, todos los detalles del accidente, por duros que éstos fuesen, respondiendo a cada una de las preguntas de los familiares de los 150 pasajeros, en su mayoría alemanes (72) y españoles (51). Pero también argentinos, australianos, mejicanos, turcos, norteamericanos, marroquíes, venezolanos, chilenos, iraníes, belgas, colombianos, holandeses y cazajos. Sorprendentemente, ningún francés, lo que hace aún más generoso y desprendido el comportamiento de las autoridades del país vecino.

A todos estos familiares, los más próximos geográficamente, el buen fiscal compartió el dolor, respondiendo con respetuosa sinceridad, a todas y cada una de las preguntas que le hicieron entre sollozos y lágrimas. En más de una ocasión tuvo que contener las suyas y la emoción que le embargaba.

Aquí, en España, casi todas las explicaciones que dio el fiscal Brice Robin hubieran sido consideradas “materia reservada” ó “secreto de sumario”. Aunque algunas de ellas, han merecido las quejas del colectivo de pilotos pero el interés de los familiares estaba por encima de todo. Para aquellos desgraciados que habían llegado hasta Seyne-les-Alpes, arrastrando su dolor, encontraron en el fiscal, el consuelo de sus palabras y la información que necesitaban para entender la tragedia, tragedia que ha demostrado que entre Francia y España y también Europa existe una unión de sentimientos. Por encima de todo.

Por ello el grito emocionado y agradecido de ¡Vive la France!