La infanta Cristina y el salario mínimo interprofesional

El 1 de abril, tradicionalmente conocido como el de la Victoria, este año no lo será para la infanta Cristina. Ese día, a las 15:00 horas, el buen juez Castro, titular del Juzgado nº 3 de Palma de Mallorca e instructor del caso Nóos, puede quitarle hasta el sueldo que todavía sigue cobrando de La Caixa, a pesar del daño reputacional que, a juicio de la entidad bancaria, está produciendo, al mantenerla en su puesto de trabajo en la Fundación.

El presidente, señor Fainé, acabará haciendo lo que el presidente de Telefónica, Cesar Alierta, con Iñaki Urdangarin, cuando vio que era imposible mantenerle en su puesto por el daño, también reputacional, que estaba produciendo a la compañía.

Si Fainé no lo ha hecho hasta ahora es por no agravar la situación económica de la todavía infanta. Si pierde los 238.000 euros brutos que cobra por todos los conceptos, no tendrá, que se sepa, ningún otro ingreso.

Esta cantidad le puede ser embargada en próximo 1 de abril si ese día no se han ingresado 2.6 millones de euros ella y 13.5 él (16,1 millones de euros en total) para afrontar las posibles indemnizaciones a la Administración, los impagos de impuestos y las multas.

Si tal cosa sucede, a Cristina solo le quedará el salario mínimo interprofesional porque a ningún deudor puede embargársele más allá de esta cantidad.

Es más, incluso con el sueldo de La Caixa, resulta imposible que puedan vivir en Ginebra y con el ritmo que lo hacen. A las pruebas me remito: 120.000 euros anuales de colegios, a 30.000 euros niño en el Ecole Internacional, sin comidas ni transportes; 5.000 euros mensuales por la renta de la casa en el lujoso barrio Florisant; 300.000 euros seis escoltas, sin contar dietas, vuelos y alojamientos (¿quién pagará esta partida?). A estas cifras hay que añadir lo referente a manutención, con lo que se superaría y con mucho el total de 480.000 euros. La Caixa ha desmentido que corra con gasto alguno de la familia. Solo el sueldo de su empleada.

¿Lo podrá mantener sin dañar la imagen de la entidad el día que se siente en el banquillo? Si para la Casa Real no es nada bueno que una infanta esté procesada, tampoco para una entidad bancaria del prestigio de La Caixa que lo esté una ejecutiva y además por delito de corrupción económica.

Partiendo de la base de que Iñaki se encuentra en paro total, hasta el extremo de estar buscando trabajo, el personal no puede por menos que preguntarse: ¿quién está costeando la vida de la infanta y su familia en este exilio no tan dorado?

Posiblemente, … su padre el rey Juan Carlos. ¿Mediante préstamo? ¿Mediante donaciones? No sería la primera vez.

En 2004, el 30 de julio y el 29 de septiembre, ya le prestó a su hija 1.2 millones de euros para la compra del palacete. Se declaró a Hacienda y ante notario.

Que un padre ayude a su hija es lógico. El problema está en conocer si ese millón largo de euros tributó por el impuesto de donaciones y si Cristina lo hizo como ingreso en su declaración de la renta.

En su comparecencia ante el juez Castro, el 8 de febrero de 2014, una de las 579 preguntas que le hizo, la 73, fue la siguiente: “En el proyecto económico-financiero para la compra de su casa, aparece como “disponible a favor de SAR 1.202.024 euros (200 millones de pesetas). Posteriormente, se detalla que esta cantidad viene de una “donación”. ¿Es posible que se disfrazara como un préstamo lo que era una simple donación para no tener que pagar impuestos? ¿Puede aclarármelo?”. La infanta lo único que dijo es que estaba devolviendo el préstamo a su padre. Pero, según Diego Torres, el socio de Iñaki, ese dinero fue una donación aunque la Casa Real mantiene que se trató de un préstamo sin interés.

El asunto tiene trascendencia fiscal ya que los préstamos están exentos del impuesto sobre transmisión patrimonial frente a las donaciones por las que se tiene que pagar impuestos sobre sucesiones y donaciones: 34% como mínimo.

Si don Juan Carlos sigue ayudando a su hija, ¿cómo lo estará haciendo? Como préstamo que difícilmente se lo podrán devolver ó como donación, que alguien tendrá que pagar.