El Rey: Pan y toros

Don Juan Carlos entrega el VII Premio Taurino ABC a Antonio y Eduardo Miura. | © Casa de S.M. el Rey

Don Juan Carlos, desde el día que fue “obligado” a abdicar por la “troika” (doña Sofía, Felipe y Letizia), se ha propuesto no amargarse más la existencia (ya se la amargaron en los últimos meses de su reinado), disfrutando a tope de los placeres que, a su edad, puede depararle la vida. “Morfar como un Pantagruel”, según David Gistau en ABC. No para “promocionar la diversidad de los productos españoles”, como ha publicado el Hola, que ya son ganas de escribir tonterías “los hijos de Sánchez” sino porque don Juan Carlos ha sido siempre un hombre de buen yantar. De los de cuchara y hasta seis huevos fritos para desayunar. Lo está demostrando con su “grande buffet” real por los mejores restaurantes españoles.

En esto se parece a su abuelo, a quien no se le quitó el apetito ni el día que perdió el trono. Nada más desembarcar en el puerto de Marsella del buque “Príncipe Alfonso” en el que había partido de Cartagena para abandonar España hacia el exilio, lo único que le preocupaba era… comerse una bullabesa. “Es un antojo que tengo”, le confesó a su mayordomo, el duque de Miranda, que le acompañaba.

“Como a la puerta del hotel empezaba a concentrarse gran cantidad de periodistas, sabedores de la llegada del rey exiliado, era casi imposible salir. Pero tal su deseo de comerse esa sopa de pescado, que no le importó hacerlo por la puerta de servicio y llegar al restaurante del puerto y saciar su deseo gastronómico”, como recoge Emilia González Sevilla en “A la mesa con los reyes de España”.

Una miserable demostración más de que al rey Alfonso XIII no le importaba nada la suerte que pudieran correr su esposa, la reina Victoria Eugenia, y sus hijos, entre ellos el Príncipe de Asturias enfermo, abandonados en el Palacio Real de Madrid, a merced de lo que los republicanos, en esos momentos desmandados por el entusiasmo de la caída del rey, quisieran hacer con ellos.

Al rey don Juan Carlos, al igual que a su abuelo, no solo le gusta la buena mesa sino también los toros. Con motivo del VII Premio Taurino de Abc, a la ganadería Miura, se le ha rendido un homenaje “por su permanente apoyo a la Fiesta Nacional”.

Se da la circunstancia de que la última vez que miles de españoles le vitorearon como rey reinante puestos en pie fue el 4 de junio, en la Plaza de Toros madrileña de Las Ventas, dos días después de haber anunciado su abdicación.

Una fecha para la historia. Lo hicieron por doble motivo: por haber sido rey de todos los españoles durante 39 años y por ser un grandísimo aficionado a los toros.

A diferencia de su padre, el último buen rey de España, a su hijo Felipe no le gustan los toros. Tampoco a su consorte, la inefable y temperamental Letizia. Solo recuerdo haberles visto una o dos veces en una plaza, creo que en vísperas de la boda.

Lo de Felipe es herencia de su madre, la ecologista, vegetariana y anti taurina doña Sofía. Lo reconoció el propio don Juan Carlos en conversación con José Luis de Vilallonga para el libro “El Rey”.

“Se que el príncipe no va a los toros por no disgustar a su madre aunque creo que a escondidas ha ido alguna vez”.

Llevaba razón pero a medias. Porque a Felipe, tan parecido a su madre, es que no le gustan absolutamente nada las corridas. Hace mal. Afortunadamente, queda la infanta Elena, tan taurina como su padre.