Don Juan Carlos sigue siendo necesario…

… si no para su hijo Felipe y, mucho menos, para la nuera Letizia y de doña Sofía ya ni hablamos, sí para España y sus grandes empresarios.

La pasada semana, lamentábamos en esta columna que el Jefe del Estado hubiera puenteado a su padre en el viaje a Arabia Saudita, donde el buen Rey tiene el mérito de gozar de una gran amistad con todos y cada uno de los miembros de la actual familia real saudí. Como la tuvo con los anteriores reyes desde Fahd hasta nuestros días. Se trata de una amistad entre iguales, gracias a la cual ha logrado grandes contratos de miles de millones de euros para España.

Por ello, sorprende que quien acudiera a Riad, a testimoniar el pésame a Salman, el actual soberano, no fuera Don Juan Carlos sino su hijo, muy preparado para leer perfectamente los discursos pero no para medirse de tú a tú con los reyes del Golfo y capaz de reconducir la crisis del contrato del Ave Medina – La Meca, que parece encontrarse en vía muerta. ¿El motivo? El incumplimiento de los plazos para la finalización de la gigantesca obra por un valor, de 6.700 millones de euros, para doce empresas españolas.

Para evitar el “descarrilamiento”, Don Juan Carlos tomó el primer avión de línea regular Madrid – Riad, sin que La Zarzuela ni su hijo le prestaran la menor cobertura. Ni tan siquiera la compañía de un ayudante.

La razón de tan repentino viaje fue, al parecer, una carta, redactada en durísimos términos, del nuevo ministro saudí de Transportes, Abdulah bin Abdulrahman al Mugbel, amenazando la continuidad del consorcio español.

Lo normal y obligado es que la hubiera dirigido a su homónima española, la eficiente ministra Ana Pastor, lo mejor del gobierno de Rajoy junto a la vicepresidenta Soraya.

Pero, el nuevo ministro había dejado bien claro que no deseaba hablar con políticos sino con una persona que se entendiera. Y ésta, le guste o no a Felipe, es su padre, quien, para salvar el contrato, no le importó viajar hasta la capital saudí.

No como el Rey que es aunque lo hiciera como un ciudadano cualquiera, un hombre de negocios que no es. Sin la menor ayuda de La Zarzuela. Cuando, hasta los impresentables Urdangarines, la guardia civil les presta toda la ayuda y protección, cada vez que viajan a Barcelona. Y en Ginebra, media docena de escoltas les protege de noche y de día.

No puedo por menos que preguntar: ¿Se está comportando Felipe con su padre como el otro Felipe, el de Bélgica, con el suyo, a quien le ha reducido, no solo la asignación económica sino el dispositivo de protección, los ayudantes amén de otros privilegios?

El trabajo de Don Juan Carlos en Riad no se ha reducido a tomar un té con el ministro, que también, sino intentar poner de acuerdo a doce empresas españolas, cada una de su padre y de su madre, y a dos gigantescos empresarios “tradicionalmente enfrentados” como son Villar Mir y Florentino Pérez. Solo el Rey emérito lo podrá conseguir. Ese es su gran… mérito.

¿Sigue siendo o no necesario don Juan Carlos?