Injustificada ausencia real

Cayetana, la duquesa más duquesa del mundo, casi una reina, no se merecía que en sus funerales no asistieran los Reyes y estuvieran representados a tan bajo nivel.

Si nos atenemos a la nueva ordenanza de la Monarquía actualmente reinante, Elena no es Familia Real.

Existiendo como hay actualmente cuatro reyes ¿no había ni uno que pudiera asistir en Sevilla a las exequias de la duquesa de Alba? Cierto es que un fin de semana no es cómodo para nadie. Y que, a lo mejor, tenían ya esas fechas comprometidas. Pero me gustaría saber qué impidió a don Juan Carlos estar en la catedral sevillana. Cierto es que, al día siguiente, viajaría a Abu Dhabi para estar presente en la última carrera del año de Fórmula 1.

Me consta el afecto, cariño y respeto de la duquesa por su Rey, que llegó a vivir en la habitación de Liria donde se alojaría, años más tarde, la reina Victoria Eugenia cuando regresó del exilio para amadrinar a su biznieto. Eran los mismos aposentos que ocuparía Jesús Aguirre, segundo esposo de Cayetana.

¿Y doña Sofía, que es capaz de tomar un avión para un concierto en Salzburgo o viajar, como hizo, a Moscú para asistir al entierro de su amigo Rostropovich?

No hay que olvidar que la duquesa de Alba, a petición de la reina Victoria Eugenia, se trasladó a Grecia, en vísperas de la boda de don Juan Carlos, para enseñar a Sofía algunas de las costumbres del país, del que, un día, sería reina. Entre ellas, como lucir una mantilla y como colocarse una peineta. Instrucciones que le sirvieron para la primera audiencia papal, con Juan XXIII, después de la boda. Mientras esperaban ser recibidos por el Pontífice, doña Sofía ensayó la manera de saludar a Su Santidad sin que se le cayera la peineta. Se acordó de las instrucciones que le había dado Cayetana. Y mientras ensayaba, se abrió la puerta de repente y apareció el Papa, que se sonrió al ver a doña Sofía haciendo reverencias, al tiempo que se sostenía la peineta.

Era tal la confianza de la Casa de Alba con la Familia Real, que Carlos, hoy ya duque de Alba y entonces duque de Huescar, no le importó telefonear al Rey rogándole intercediera junto a su madre para hacerle desistir de la boda con Alfonso Díez.

Aunque a don Juan Carlos no le agradaba este cometido, accedió a ello, telefoneando a la duquesa: “Cayetana, a nuestra edad, ya no estamos para estos trotes”. A lo que ella, con la confianza que le tenía, cortó diciéndole respetuosamente: “Señor, todos cometemos locuras, vale”.

Doña Sofía, cuando la duquesa consiguió una audiencia para hablarle de mujer a mujer, a propósito de su boda, no quiso involucrarse en el proyecto nupcial, después de lo que había sucedido con la intervención del Rey.

Por todo esto y por muchas cosas más, Cayetana, la duquesa de Alba, bien que se merecía la presencia real en su funeral. Como así anunció en el programa de Ana Rosa Quintana, en Telecinco, la periodista

Ángeles Alcázar, quien siempre presume “conocer” de antemano lo que cada miembro de la Familia va a hacer. Según ella, la reina Sofía y la infanta Elena viajarían inmediatamente a Sevilla para testimoniar el pésame de la Familia Real, el mismo día de la muerte de Cayetana. Y Felipe y Letizia lo harían para el funeral.

Ni a la Reina emérita, ni al Jefe del Estado y consorte se les vio esos días en la capital andaluza. Cierto es que era fin de semana y algún miembro de la Familia Real no trabaja.

También se dijo que se abstuvieron de acudir por considerar a Cayetana un personaje muy de la prensa del corazón. Una chorrada más grande que la Giralda. No fueron porque no les dio la gana. Esperemos la asistencia al máximo nivel en el funeral que se celebrará, próximamente, en Madrid.