Escaños y privilegios son lo mismo

“Cualquier persona que resulte imputada tendrá que dejar su escaño”, ha dicho Susana Díaz, la presidenta del PSOE en Andalucía.

Aunque se refería a Chaves y a Griñán (está por ver), la norma vale también para quien, como Cristina, sigue ostentando el título de infanta, del que no puede ser desposeída por ser hija de Rey. Pero si renunciar, voluntariamente, al título de duquesa de Palma, que su padre le otorgó el día de la boda con el imputado Iñaki Urdangarin (a su hermana Elena el ducado de Lugo).

Como se lo concedió, se lo puede quitar. Si no don Juan Carlos, que ya no tiene, pienso, potestad para ello, si su hermano. También puede renunciar o ser desposeída de sus derechos históricos y dinásticos así como de los privilegios de los escoltas y de la gratuidad de los viajes en aviones de Iberia.

Lo de su trabajo es harina de otro costal aunque La Caixa no debe sentirse cómoda teniendo, entre sus ejecutivos, a un imputado, en este caso imputada, que se sentará en el banquillo por delitos económicos.

Una vez más la hija y hermana de rey vuelve a ser motivo de disgusto en la Familia. Sucedió cuando nació, “¡Otra niña!”, exclamó con desagrado su padre cuando esperaba al varón, tan necesario para que Franco decidiera designarle sucesor.

Otro disgusto: cuando ETA intentó secuestrarla, siendo estudiante de la Universidad Complutense de Madrid. Bien que lo recordará el coronel Blanco, responsable de la seguridad en La Zarzuela por entonces.

Y el mayor de los disgustos: el pulso que echó a su padre que no veía con buenos ojos, con toda la razón, la boda con el jugador de balonmano, que estaba a punto éste de casarse con quien había sido su novia durante muchos años, Carmen Cami. “O autorizas la boda o me voy a vivir públicamente con él”, amenazó a su padre.

Es que cuando un hijo o una hija, en este caso, se quiere casar con quien no debe, más vale que te guste porque se casará. Por eso, el Rey autorizó esta boda como años después la de su hijo Felipe.

Lo único bueno, si es que puede considerarse así, es que, en este caso, se cumplirá lo prometido el día de la boda: “… en la riqueza y en la pobreza… hasta que la muerte (o la cárcel) nos separe”.

¿Entrar en la cárcel? La Infanta, por supuesto, que no. Pero Iñaki no estará solo en el banquillo. Como tampoco lo estuvieron Isabel Pantoja y Julián Muñoz. Perdón por la comparación. Aunque el banquillo y la cárcel nos iguala a todos.