Carmen, esa gran señora

Carmen Romero está atravesando unos duros momentos a causa del cáncer de mama que le ha obligado, estos días, a internarse en el hospital donde, afortunadamente, parece que se recupera sin que su ex marido, Felipe González, se haya preocupado nunca por el grave más que delicado estado de su salud.

He admirado a Carmen Romero por la discreción de la que siempre ha hecho gala. Antes, durante y después de ser la Primera Dama de La Moncloa, que nunca quiso. Ha llegado a la madurez en paz consigo misma aunque con la salud muy quebrantada, después de haber cumplido con creces sus compromisos en la vida como militante, esposa, madre, abuela, docente, traductora, congresista y europarlamentaria. Y de haber sufrido lo suyo. Desde que se casó.

“Mis padres, personas de derechas y conservadoras, lógicamente, no comprendieron, de ninguna manera, el noviazgo de su hija con un “rojo” de Bellavista. Yo no conocía ese barrio sevillano ni por asomo y me creó muchos traumas. Lo que pasó es que mis padres han sufrido mucho pero han sido muy comprensivos y respetuosos conmigo. Pero la época de ajustes fue horrorosa. ¿Se imagina alguien que hubiera vivido aquella época de puro y duro franquismo a un coronel médico aplaudiendo el noviazgo de su hija con un marxista?”, me confesó en una de mis numerosas entrevistas.

Siempre fue una bellísima mujer y lo sigue siendo, hoy visiblemente delgada, debido, sin duda, al sufrimiento por el cáncer que padece desde hace algún tiempo.

Contaba Maria Ángeles López de Celis, 32 años en la secretaría de cinco presidentes y que, posiblemente, sea quien mejor la conoce, que Carmen “soportó con una gran dosis de disgusto la vida de ostentación de su ex marido. Sus tres hijos son los que más han sufrido la actitud indecorosa de su padre. No le perdonan, según Mari Ángeles, que haya reservado a su madre el lamentable papel de tener que enterarse por la prensa de los avatares amorosos de quien ha sido su marido durante cuatro décadas”.

Estoy de acuerdo con ella de que la dignidad de Carmen no tiene límites. Es una señora, una dama en su sitio. La única vez que ha hablado de su vida privada fue a Vanity Fair a quien reconoció: “Felipe y yo nos quitamos las alianzas hace veinte años”.

Tuve la suerte de compartir entrevistas, mesa y mantel varias veces, primero en el modesto piso madrileño de Pez Volador y, más tarde, en el Palacio de la Moncloa, en la etapa en la que Felipe González era presidente.

Desde que supe de su separación matrimonial pero, sobre todo, hoy con su grave enfermedad, me entristece recordar las palabras que me dijo en una de nuestras conversaciones: “Yo no sé qué significa eso de ser feliz… pero, por lo menos, el nuestro es un matrimonio equilibrado. Yo respeto su independencia y él respeta la mía. Prefiero vivir con él pero sin depender de él… Nunca me ha gustado hacer proyectos de futuro quizá porque he tenido siempre la angustia metida muy dentro. Pensaba que cualquier día le pegarían un tiro a Felipe y ya está”.

¡Qué lejos estaba de pensar que el tiro se lo daría él en su corazón, destrozando su vida y su salud!

¿Saben ustedes que el nombre de “Isidoro” que Felipe González utilizaba en los años de clandestinidad se lo inventó Carmen?

“No sé por qué se me ocurrió, precisamente, ese nombre. Quizá porque me hacía gracia. Y me hacía gracia porque siempre me recordaba unos capítulos de un libro de texto que yo enseñaba a mis alumnos, donde hablaba de “el Isidoro”, un niño de pueblo que va por primera vez a la escuela y sufre los problemas, tremendos, de la adaptación y de la crueldad de sus compañeros. A mí me llenaba de ternura y me hacía mucha gracia aquello que decían sus compañeros: ¡que viene el Isidoro!”.

El Isidoro no viene sino que se fue para casarse con la que ha sido su pareja desde hace años, Mar García Vaquero, y vivir en un piso de la exclusiva calle de Velázquez, de 450 m2.

Eso pertenece a su intimidad en la que nadie tiene derecho a entrar. Pero que no se haya atrevido ni a interesarse por el estado de salud de su ex esposa, de esa gran mujer que es Carmen, no lo entiende nadie. Este periodista menos que nadie porque yo les conocí cuando formaban una pareja que se amaba, al menos eso me parecía.