Isabel: anulada, divorciada y ahora viuda

La muerte de Miguel Boyer, venía muriéndose desde hace tiempo, me ha recordado los comienzos de este gran amor, el más importante y prolongado de los tres que ha habido en su vida. Por ahora.

El rumor de que Isabel Preysler se había vuelto a enamorar, después de haber estado casada con Julio, de quién se anuló, y del marqués de Griñón, de quien se divorció, estalló en febrero de 1983, cuando Tico Medina, mi sucesor en las páginas del Hola de mis amores y mis dolores, le preguntó:

 Isabel ¿te volverás a casar otra vez? ¿Te casarás por tercera vez?

 Creo que la tercera es un poquito demasiado. Pero también digo que nunca puedes decir sí o…que no.

 Pienso, Isabel, que sería bueno conocer, de una vez por todas, esa verdad que tú escondes.

 La verdad es que hay cosas que no quiero que se sepan.

 ¿Te gustan los políticos?

 A mí lo que me encanta es la gente trabajadora, honesta, verdadera, aquella que te enseña algo. Si la hay en política, que la hay, claro que me interesa.

Aunque a ustedes les cueste creer, esta entrevista fue publicada el 19 de febrero de 1983. Y ese político tenía nombre y apellido. Se llamaba Miguel Boyer, el entonces todo poderoso ministro de Economía y Hacienda del gobierno socialista de Felipe González.

Fue su hombre y su amor perfecto. Han sido veinticinco años de “mucho amor” (Isabel dixit).

En unas declaraciones exclusivas a Vanity Fair, en el pasado mes de mayo, Isabel no solo respaldaba el contenido del libro de Alfredo Fraile sino que, por primera vez, hablaba como no lo había hecho nunca de sus tres maridos, “que se han portado conmigo como unos señores”.

El que más, el marqués de Griñón. “El fin de este segundo matrimonio, la culpa no fue exactamente de Carlos, fue mía. Lo sentí mucho pero me enamoré de Miguel Boyer, que me fascinó. Era muy brillante y tenía mucho sentido del humor”.

Pienso que Isabel se enamoró también de su inmensa cultura y de su inmenso poder, que entonces tenía. Han vivido una hermosa historia durante más de veinticinco años. Los primeros, de manera clandestina.

Ha sorprendido que Isabel, a pesar de la gravedad de la lesión cerebral de su marido, seguía haciendo una vida, digamos, normal, incluso frívola. Tal parecía, pero no era así. Ella vive, no de ser la señora de Boyer sino de su imagen de marca, que tenía la obligación de mantener.

De los tres maridos fue el único que no le aportó nada, económicamente hablando: Julio, la madrileña casa de Francisco de Sales; el marqués de Griñón, la de Arga número 1 en El Viso. La de Puerta de Hierro, en la que vive, “la compré yo”. Con los dineros de Porcelanosa, Hola, Suárez y otros.

Por eso, se le ha visto en tantos lugares frívolos que hoy, con la muerte de Miguel, se demuestra que no eran tales sino que forman parte de su trabajo.

La entrevista de Vanity, la finalizaba con una frase cuyo copyright es mío: “Valgo más por lo que callo que por lo que cuento”. Tú y yo sabemos lo que callas, querida Isabel. Es la primera vez que un hombre te abandona por una cita ineludible… con la muerte. Un emocionado y fuerte abrazo.