Exclusiva con niños sin pixelar

El Hola de esta semana publica con gran alarde, portada y quince páginas, la boda pagada de Angelina Jolie y Brad Pitt. Dicen que por la exclusiva mundial, la revista ha pagado la escandalosa e inmoral cantidad de cinco millones de euros. Cinco.

¿La cifra más alta jamás desembolsada por un reportaje? Posiblemente. ¿Lo valía? Si lo comparamos con las horteradas de algunas bodas publicadas por la revista de título amable, en las que los novios aparecen con hijos incluidos, como ya viene siendo habitual, no es dinero. “Hemos compartido con nuestros hijos este día tan especial”, lo ha declarado Angelina y también otros muchos padres que comienzan la vida sentimental por el tejado.

Si partimos de la base de que una exclusiva con niño se paga mucho más, en este caso que nos ocupa, eran seis, como mínimo se merecía pagar seis veces más.

Lo que sorprende de este reportaje y del que también publica en ese mismo número sobre el nieto del Niño de la Capea, es que sus padres, Pedro y Paulina, al igual que los Brangelina (como se bautizó a la pareja en sus comienzos), es que todos los niños aparecen sin pixelar. Tanto la foto de Pedrito, un bebé de dos meses, como la de Knox y Vivianne, de 6; Silo, de 8; Zahara, de 9; Pax, de 10 y Maddox, de 13, esa especie de ONU infantil, que la actriz suele explotar para los reportajes, muestran sus rostros como si de personas adultas se trataran. Se trata de una obligación internacional para proteger la intimidad de los niños, tanto si las fotografías de los pequeños han sido “robadas” o realizadas sin la autorización de los papás ó cuando aparecen con ellos.

De todos es sabido como Fran Rivera ha exigido siempre pixelar el rostro de su hija Cayetana aunque, como sucedía en las corridas goyescas de Ronda, la paseara, públicamente, por el ruedo. Estaba en todo su derecho a exigir la veladura del rostro de la niña aunque pudiera parecer una provocación. ¡A ver quien tiene el valor de publicarlas sin velar! Querella al canto.

Ahora bien, cuando se trata del caso que nos ocupa, la exclusiva por la que se han pagado millones, entonces, parece ser, que no importa. Como vemos en estas páginas. Cierto es que siempre ha sido así aunque muchos piensen que no proteger la intimidad de un bebé, de un niño, era perseguible de oficio. Al parecer, va a ser que no. Solo se trata de dinero, de si la exclusiva ha sido pagada. Entonces no importa que les vea la cara a las criaturitas, a las que han “vendido” dentro de ese paquete que es la exclusiva.

A esto yo le llamo “tráfico de niños”, título de un artículo de Alfonso Ussía, publicado el 9 de marzo de 1986. “Mercar con los niños es ejercicio repugnante. El dinero que de ellos venga es dinero sucio, como dinero estúpido es el de los famosos que nada tienen que contar y demasiado cuentan. Es la sociedad compradora la culpable y cómplice de las falacias”.

Cuando la sociedad se avergüence de su propio consumo, los que nada tienen que escribir, nada escribirán; los que nada tienen que contar, nada contarán, los que nada tengan que vender, nada venderán. Esto no lo veremos ni usted ni yo.