El Rey en el contenedor

El gran pintor Cristóbal Toral inaugura esta semana en el CEART de la madrileña localidad de Fuenlabrada una exposición antológica de su obra, a través de una treintena de cuadros y esculturas que van desde los años 70 a nuestros días.

“Una cuidadosa selección que nos muestra la capacidad creativa del artista sin olvidar los hechos socioculturales de la Historia moderna”, según su hija María, comisaria de la exposición.

Entre la obra que figura en la muestra hay una escultura que, sin duda, no solo sorprenderá sino que será muy polémica. Su título:”La abdicación del Rey”.

Se trata de un contenedor lleno de escombros, maletas y trastos viejos entre los que sobresale una fotografía oficial de don Juan Carlos. “Yo no he tirado al Rey al contenedor, lo ha tirado la realidad que es muy dura”, comenta el artista. Según él “tras ser sustituido, termina, metafóricamente, en el contenedor”, explica a Juan Carlos Rodríguez, del dominical “Fuera de Serie” de El Mundo. Yo diría que Cristóbal Toral también es un fuera de serie que lleva razón.

Han pasado poco más de tres meses y don Juan Carlos es como si no hubiera existido. Así de ingrato y olvidadizo es el pueblo español. No porque quien le ha sustituido tuviera méritos y carisma para ello (simplemente, ser su hijo y heredero) sino nada que ver con su padre, cercano, cordial, amigable, sencillo y fraternal. Un hombre tan querido y admirado (eso parecía) que logró que millones de españoles se convirtieran no en monárquicos (que eso ya no se estila, que diría la Pradera) sino en juancarlistas, con el riesgo, como se ha visto, de que al desaparecer don Juan Carlos ya no queda nada.

Al Rey no le ha arrojado al contenedor Cristóbal Toral ni los españoles a quienes no se consultó si deseaban su abdicación sino su heredero (¡tú también, hijo mío!), su nuera, “esa chica tan lista” y hasta su esposa, olvidando todos ellos las palabras que le dijo a José Luis de Vilallonga: “Yo soy el Rey pero también soy un ser humano”.

Pienso que en el “golpe de estado familiar” participaron todos. Y todos ellos son los culpables no solo de que hoy don Juan Carlos haya sido arrojado al contenedor de la memoria de los españoles sino que, en estos momentos y tras la abdicación, es como si ya no hubiera Monarquía. Como si no hubiera Rey sino un joven bondadoso y tímido, sin voluntad para imponerse a una mujer sin sentido de la medida y a quien de vez en cuando se le ve el pelo de la dehesa.

Como esta semana. Con ese look de vaqueros rotos y maltratados, como si se hubiera caído de la bicicleta, zapatillas de deporte y camiseta estilo indie. El personal se pregunta, ¿cómo don Felipe no le advirtió que así, disfrazada de it girl o de trendsetter, no podía salir? ¡Ni se atrevería! Se limitó a esconderse tras la barba, que se ha vuelto a dejar, acompañándola con resignación.

Mientras, don Juan Carlos como si no hubiera existido. ¡Qué error, qué gran error la abdicación! Siempre lo dije: el matrimonio del heredero con la nieta del taxista igualaba a la Monarquía por abajo pero no pensé que hasta este extremo.

La escultura del gran Toral “es un símbolo del declive”, en palabras del artista. Y que declive, señor.