Carmen, ¿cuál es tu verdadero rostro?

La portada del Hola, del Hola de mis amores y dolores, demuestra, una vez más, cuanta variedad de rostros existen en una misma persona.

Hoy, con la fotografía de la nietísima, anteriormente con la del buen Rey Juan Carlos e Isabel Preysler, por citar solo a estas tres  personas, el paso del tiempo no existe. Ni sus rostros se han gastado, ni ensuciado ni arrugado.

Contemplando la citada portada no puedo por menos que preguntar: querido Eduardo, ¿qué has hecho con el otro rostro? Rostro, mi rostro, ¿de quién eres tú? ¿Para qué cosa eres rostro? ¿Para una portada? ¿Para un reportaje? Un photoshop antes de ofrecer la imagen que reproduces, deberías reflexionar un poco.

A la hora de someter la fotografía a un photoshop, que no es otra cosa que una manipulación del rostro, ¿no pensáis que nadie puede, durante largo tiempo, presentar un rostro en la portada y otro a si mismo, sin correr el riesgo de que el lector termine por preguntarse: ¿cuál es el verdadero?

Todo el mundo sabe que, con el paso de los años, el rostro de la bellísima María del Carmen Martínez Bordiú y hasta el dignamente varonil del rey se ha ido gastando, se ha ido arrugando y “hasta ensanchándose como los guantes”. ¿Por qué manipularlo ofreciendo una imagen que no responde a la realidad obligada en la ética periodística?

Cierto es que la imagen es un medio de persuasión pero no de demostración. Por eso, en la ciencia se tiene tanto terror a las imágenes. Colette escribió que el rostro humano era para ella su gran paisaje. Con los surcos de lo vivido, gozado ó sufrido. Nada que ver con el rostro de un bebé que ni ha vivido ni ha sufrido.

Un importante pintor cuyo nombre lamento no recordar, reconocía no gustarle pintar a los niños porque en sus rostros no existen ni las huellas del pasado ni el futuro. Solo del presente. ¡Años de niñez en que el tiempo no existe!, que decía Luis Cernuda, por la sencilla razón de que la vida no ha sido agitada por las tempestades del odio y del amor que tanto se reflejan en los rostros de todo ser humano.

Ridículo es pretender ser joven mediante un photoshop, cuando es la edad madura la que penetra por todos los poros de nuestro corazón y espíritu enriqueciendo nuestras vidas. Ningún hombre ó mujer sabios han deseado nunca ser más jóvenes. Feliz aquel que fue joven en su juventud; feliz aquel que supo madurar a tiempo, que decía Puskin. El joven puede ser bello pero el viejo, como el rey, es grande que dijo alguien.

Querida Carmen, no te conozco. ¿Cuál es tu verdadero rostro?