Letizia intentará hacerse perdonar

Si la abdicación no fue un golpe de Estado…tal parecía. Por supuesto, nada improvisado. A lo peor, como el cornudo, el buen rey Juan Carlos fue el ultimo en enterarse de lo que se preparaba. He ahí la precipitación con la que anunció y firmó su abdicación, con elocuente gesto de cabreo y decepción, negando la mirada y el beso de forma ostentosa a la consorte. ¿Señalándola como culpable subsidiaria? A  lo peor, si.

La pasada semana, mi columna en ‘El Mundo’ señalaba a Felipe y a Letizia como los “culpables” del inesperado cambio “a solas o en compañía” de Jaime Alfonsin, ese abogado del Estado discreto, silencioso e introvertido.

A pesar de llevar casi veinte años al frente de la Secretaría (llegó a La Zarzuela en Noviembre de 1995 por decisión de don Juan Carlos), su imagen era difícil de retener por lo gris y, posiblemente, porque un secretario se convierte en la imagen de lo que practica….secreto. Nada que ver con el general Sabino, por supuesto. Tampoco con Fernando Almansa ni con Rafael Spottorno, su inmediato antecesor.

Pienso que Jaime Alfonsín ha sido el discreto y silencioso colaborador del príncipe en la preparación de la operación que “obligó” a su padre a dejar el trono cuando había declarado, en el mensaje de Navidad, que no abdicaría.

Leyendo y reflexionando sobre las medidas de renovación, hechas públicas estos días, llego a la conclusión, con ‘ABC’, de que “don Felipe no ha improvisado su reinado”. Desconozco si por propia decisión o presionado por la consorte, a pesar de que su madre, la reina, declaró en su día que “el príncipe no está impaciente”. Cierto es que también reconoció que “el rey no está cansado”.  Y que “abdicar ¡nunca!”.

La primera vez que se advirtió que Felipe estaba algo más que “impaciente” fue en 2011, cuando compareció, sin previo aviso, ante un grupo de periodistas que hacen información habitual de la Casa Real, para decirles off the record “ya estoy preparado para reinar”.

¿Qué había sucedido para tan repentina e insólita declaración del heredero? Hay quien dice que se produjo después de un duro enfrentamiento con su padre (¡ha habido tantos!) y el consiguiente portazo. Lo cierto es que no era la primera vez que tal cosa sucedía, pero matizando que “aunque no tenía prisa estaba siempre dispuesto para cuando llegue el momento”.

Pienso que, incluso a espaldas del rey y, por supuesto de Rafael Spottorno , Jefe de la Casa de Su Majestad, Felipe, con la ayuda de Letizia, reconvertida en reina Federica, (¡que peligro, señor, que peligro!) estaban poniendo a punto las medidas para “cuando seamos reyes”.  Olvidaban que la monarquía española  no es bicéfala, que solo existe el rey como Jefe del Estado que es y que como tal respeto. ¿Ha conocido alguien un país donde haya dos Jefes de Estado? (Ella y él).

Se ve tanto la influencia de la consorte que, para lavar su imagen y hacerse perdonar por los mallorquines las ofensas y desprecios que les ha inferido a lo largo de estos años, ha impuesto que en lugar de la tradicional recepción que el buen rey Juan Carlos ofrecía a las autoridades y fuerzas vivas de Palma como fin de las vacaciones, se celebre este jueves, al comienzo de estas, un encuentro a nivel popular durante el cual ofrecerá su nueva imagen cercana y simpática que será muy destacada por la prensa. ¡Y que todavía haya quien escriba que no son gestos de cara a la galería ni una operación de imagen! ¡Que país Miquelarena!

Resulta triste y deprimente leer estos días los editoriales de algunos periódicos que parecen olvidar, con una total falta de pudor, los méritos de un rey como Juan Carlos “cercano, cordial, amigable y fraternal que no torció el gesto en publico jamás ante las provocaciones de diversos imbéciles”, como escribió el 11 de julio Carlos Herrera.