¿Se volverán a ver?

Pienso que, después de la proclamación de Felipe como rey de España, la vida de don Juan Carlos y doña Sofía será lo más parecido a la de sus antecesores, Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Un matrimonio desgraciado como el de ellos. Solo con una diferencia en la génesis de la historia: si su abuelo dejó el trono por derrocamiento, su nieto por abdicación aunque no se conocen los motivos exactos.

Hay quien dice que su hijo, el príncipe Felipe, le dio un ultimátum: ahora o nunca. También que han sido las circunstancias políticas y el temor a quedarse sin el apoyo del sucesor de Rubalcaba, que se ha comportado como un hombre de Estado. Lo que nadie se cree es que Don Juan Carlos se haya ido voluntariamente ni por motivos de salud.

Sea cuales fueren estos motivos, lo cierto es que no todo es malo para Don Juan Carlos y Doña Sofía, al igual que tampoco lo fue para Alfonso XIII y Victoria Eugenia, un matrimonio como el de nuestros reyes que no se hablaban desde hacía muchos años. Con una diferencia, Ena, la reina inglesa de España, carecía de la fuerza de Doña Sofía que, desde ya, no tendrá que recurrir a eso que el Rey llama profesionalidad y que le ha ayudado, durante décadas, a soportar infidelidades y humillaciones públicas sin que el personal advirtiera su sufrimiento.

Don Juan Carlos tampoco tendrá que aceptar la presencia de una esposa a la que detesta desde hace muchísimos años. Ignoro si, desde que el hijo se convierta en el rey Felipe VI, sus padres se volverán a ver. A lo peor, la última fotografía juntos será la de la balconada del Palacio Real cuando aparezcan con el sucesor y la consorte el próximo jueves. Después… la liberación para los dos.

No creo que  Doña Sofía se despida de Don Juan Carlos como Victoria Eugenia de Alfonso XIII, diciéndole “no quiero volver a ver tu fea cara nunca más”.

Ni es su estilo y, a diferencia de su antecesora, siempre ha estado enamorada de su marido.

Pilar Eyre recordaba lo que le habían dicho cercanas personas a Doña Sofía: “Hasta ahora, hablaban a través de secretarias y solo se veían en recepciones oficiales… en el futuro, ni eso”.

Posiblemente Don Juan Carlos se sienta, desde hoy, mucho más solo que la Reina cuya vida interior es rica culturalmente hablando. A él siempre le quedará el consuelo de oír la famosa ranchera de Lola Beltrán “Yo sigo siendo el rey”. Que lo será hasta la muerte. ¡Larga vida, señor, siempre contará con mi lealtad! No en balde he sido durante todo su reinado… juancarlista. Y como no soy monárquico y usted ya no está, dígame señor, qué coño soy.