El gran error de la Urbano

Ignoro si entre los votos de la congregación en la que Pilar Urbano, esa “sucedánea religiosa”, según De Prada, milita como supernumeraria se encuentran, amén de los de castidad y pobreza (lo de pobreza es un decir), el de la humildad. Pienso que no. Porque la compañera practica como nadie la soberbia, la insolencia, la prepotencia amén de la chulería. Lo ha demostrado respondiendo a quienes critican su libro que “con su pan se lo coman”.

A pesar de todos estos defectos, la obra (no la del Opus) un “tanatolibro”, a juicio de algunos, es el resultado de una minuciosa labor de corta y pega, como escribe Pepe Oneto, de lo que se ha publicado sobre el 23F. Empezando por los libros de Abel Hernández, Manuel Soriano, pasando por todos los de Oneto y terminando por los de Jesús Palacio amén de los de la propia autora.

Ellos y muchos más fuimos depositarios, en su día, de confidencias de los protagonistas del 23F. Que todos largaron. ¡Y vaya si largaron! Unos más que otros. Algunas de aquellas confidencias mejor olvidarlas. ¡Ni contar se pueden!

A la Urbano le ha faltado la inteligencia y prudencia necesarias para saber que, salvo los muertos que no hablan, los vivos difícilmente mantienen lo que, en su día, dijeron si La Zarzuela lo desmiente. Sobre todo si lo que cuenta se retuerce de una manera espuria para acabar llegando a una mentira desde hechos ciertos. Otros los inventa, los fabula o los induce. Para evitar la paliza que le están dando y lo que te rondaré morena, la opusdiana debería haber subtitulado su libro, no como historia de hechos ocurridos sino como relatos, novela, cuento, anécdotas… Lo que los ingleses denominan stories.

Como ha hecho Manuel Vicent en dos ocasiones, con libros sobre el duque de Alba y Carmen Díaz de Rivera, dos biografías apasionantes y apasionadas, abordadas como novelas para protegerse judicialmente.

En ellas, crea un juego literario entre la realidad y la ficción, contando la realidad de todo lo que pasa con las herramientas de la imaginación, en la que lo real y lo imaginado la misma cosa.

En el libro de la Urbano, lo imaginado es más importante que lo sabido, por lo que el contenido de la obra no solo suena a fábula real sino a libelo.

También Pilar Eyre, una experta en novelar historias reales, que le permiten entrar en la biografía de los personajes, recreando sus vidas hasta en los momentos más íntimos.

¿Quién puede reprochar a la autora lo que el rey Alfonso XIII le decía y hacía en la cama, si el título sobre la vida de la reina Victoria Eugenia ya lo advierte: “Ena, la novela”: “Ha hundido su cabeza en mis muslos y así ha estado horas y horas”?

En “Aguirre, el magnífico”, Vicent escribe esta novela fingida, disfrazada de retablo descoyuntado con exquisita elegancia. La vida del XVIII duque de Alba consorte, pese a ser tan real, no puede distinguirse de la ficción literaria. La duquesa Cayetana intentó querellarse, pero no pudo. Se trataba de… una novela, la de un clérigo volteriano que se convirtió en duque de Alba.

Y en “El azar de la mujer rubia”, sobre Carmen Díaz de Rivera, Vicent lo hace entre la ficción y la historia, a partir de la confusión de la memoria perdida de Adolfo Suárez y aquella rubia de la que todo el mundo estaba enamorado, solo que el héroe ya no puede recordarlo.

Si Pilar Urbano hubiera escrito el libro como una novela, recreando las realidades en sí mismas, todo el mundo lo hubiese comprendido y aceptado porque no hay mayor deleite para un lector que el de creer los episodios narrados en un libro.

Pero lo ha hecho con un cinismo, una falta de respeto, de pudor y una desvergüenza tal, que no se cree la obra ni dios.

Otra cosa es el libro del primo, David Rocasolano, una auténtica historia de la consorte, muy documentada ella, hasta los problemas ginecológicos de la consorte.

¡Vaya par de regalos para la Familia Real, a cual de los dos peor!