El polémico ducado

En febrero de 1981, Su Majestad el rey don Juan Carlos concedía a Adolfo Suárez un ducado para compensarle por haberle abandonado dejándole caer. Según el general Sabino Fernández Campo, nada más salir del despacho, el soberano, cabreado por la discusión que había tenido con el Presidente, a propósito de su dimisión, se lo quiso retirar. Sabino le convenció que no podía negárselo después de haberlo prometido.

¡Qué lejos estaba, entonces, el Rey de sospechar que este ducado iba a convertirse en polémica mediática a la muerte del Presidente!

Según mi compañera Consuelo Font, en El Mundo, Adolfo Suárez Illana escribió, en el 2009, una carta al Rey para que la sucesión al título recayera en él y no en su sobrina Alejandra Romero.

Según Mabel Galaz en El País, lo que hizo fue sondear ante Alberto Aza, Jefe de la Casa del Rey entonces, y muy ligado a la familia Suárez desde la época en la que fue “fontanero” del Presidente, la posibilidad de heredar el título.

A este columnista le parecería bien y oportuno que Adolfo Suárez Illana ostentara, de forma vitalicia, el ducado para mantener vivo el recuerdo de quien nunca jamás debe ser olvidado. A su fallecimiento, volvería a la sobrina, para ella y sus descendientes, como corresponde desde que el Tribunal Constitucional derogó, en 2006, la prevalencia del varón sobre la mujer, con aquella Ley de Igualdad para la sucesión de títulos nobiliarios.

Este polémico y discutido ducado lleva también Grandeza de España. Algo así como la guinda de esa tarta que son los títulos nobiliarios, de esa minoría de españoles que hasta tienen su particular “ministerio” (la Diputación de la Grandeza), encargada de velar por la integridad y pureza de más de dos mil españoles que ostentan ellos solitos los más de 2.600 títulos existentes: ducados, marquesados, condados, vizcondados, baronías y señoríos.

Aunque el Rey es el único que tiene la potestad para otorgar títulos de nobleza, unos hereditarios y otros vitalicios, como los de sus hijas Elena y Cristina, Franco, que no tenía ninguna potestad para ello, la asumió por un decreto de 4 de junio de 1948 que decía: “Todas las referencias que, en la nueva legislación cuya vigencia se establece, se hacen al Rey y a la monarquía, se entenderán que se atribuyen y contraen por el Jefe del Estado”. ¡Toma ya!

Amparándose en este decreto, concedió nada menos que 38 títulos nobiliarios. El primero, para un fusilado, José Antonio Primo de Rivera y el último para un asesinado, Carrero Blanco. El ejército se llevó la palma con dieciséis generales ennoblecidos y los falangistas con diez.

Frente a este abuso del general, don Juan Carlos, desde el año 1975 que subió al trono, ha concedido cincuenta y un títulos. El primero de ellos, a la viuda de Franco, el Señorío de Meirás.

A propósito de este título, de carácter vitalicio, fue reconvertido en hereditario a petición del nieto, Francisco Franco Martínez Bordiú, hoy Señor de Meirás. Al ser la primogénita, su hermana Mari Carmen, heredará, en su día, tanto el ducado de Franco como el marquesado de Villaverde y su hermano Francis se quedaría sin título alguno.

¿Por qué no puede don Juan Carlos atender la petición del hijo del presidente Suárez para que pueda ostentar el ducado de su padre, con carácter vitalicio? Entiendo que tal cosa podría producirse si su sobrina Alejandra tuviera la generosidad de renunciar, por un tiempo, al título que legalmente le corresponde con lo que también honraría la memoria de su abuelo que tanto la quiso.