El hombre que se acuesta con Su Señoría

Lo más importante, por no decir lo único importante de la reboda, para la renovación de los votos matrimoniales, ha sido conocer al consorte de la jueza Mercedes Alaya.

Desde que Su Señoría se convirtiera en un mito, me obsesionaba saber quién era Jorge Castro, el hombre con quien se casó hace treinta años.

Siempre he sentido curiosidad por los consortes de las mujeres famosas, de las mujeres importantes, ya fueran reinas, infantas, empresarias, modelos o artistas.

Alguien, que lamento no recordar, definió al consorte como un ser en cuyo “estar-dos-en-recíproca presencia-de-uno-con el otro, es, a veces, imposible”.

Personalmente, prefiero a un hombre que ame a una jueza en lugar de una jueza que necesite a un hombre para perpetuarse como madre. En este caso, nada menos, que de cuatro hijos.

La historia de los consortes está llena de renuncias y de aceptaciones, a veces humillantes. Como ese consorte real que llegó a protagonizar una sonora huída de palacio, hacia su país de origen (Francia) porque se sentía humillado, desplazado y “peor tratado que un gato”, en propia expresión.

Numerosos han sido los casos de desgraciados y sufridores consortes que no pudieron, no supieron o no quisieron aceptar su delicado e incómodo papel.

El consorte real es el hombre que se acuesta nada menos que con la reina, que ya tiene morbo. Mucho mayor morbo, pienso yo, el hombre que se acuesta con Su Señoría, sobre todo, si lo es como la jueza Mercedes Alaya, tan misteriosa, tan distante y con esa mirada y sonrisa tan a lo gioconda.

Pienso que Jorge Castro, al igual que el duque de Edimburgo, esposo de la reina Isabel, debe ser el ejemplo del perfecto consorte que saben con quiénes se acuestan.

Desconozco si, como el príncipe británico, este auditor está dotado de sentido del humor para sobrevivir a la sombra de esta reina de la judicatura, sin perder su personalidad. Pero estoy seguro que Jorge es consciente de que, últimamente, la mujer con la que convive se ha convertido en un fenómeno mediático de categoría sideral. Después de treinta años de matrimonio tiene que aceptar , con dignidad cierto es, el segundo plano y ausencia de protagonismo, al estar casado con una mujer que España entera admira.

Siempre se dice que detrás de todo hombre importante y famoso que triunfa, hay siempre una mujer inteligente o sorprendida. Cuando es ella la importante y la famosa, como es el caso que nos ocupa, Mercedes Alaya ha demostrado que quien está a la sombra de su vida pública es un hombre del que sigue enamorada después de treinta años de matrimonio. Nada que ver con los consortes de las infantas Elena y Cristina aunque cada una de ellas por diferentes motivos.

No me cabe la menor duda que Jorge es un consorte a medida de Mercedes y si ella es Su Señoría, él, su marido, el cabeza de familia.

Felicidades Mercedes, felicidades Jorge, quienes, como Isabel y Fernando, monta tanto, tanto monta.