Los secretos “inconfesados” de Julio Iglesias

Alfredo Fraile buen hijo, buen hermano, buen padre de familia numerosa y enamorado de su esposa, María Eugenia, es el hombre que durante casi veinte años dirigió la vida artística, como manager, y la privada y sentimental, como amigo, de Julio Iglesias. Como tal, desvela esta semana los secretos confesables (tal es el título de sus memorias, publicadas por Ediciones Península del Grupo Planeta, que este año cumplen su 50 aniversario) y algunos también “inconfesados” del artista español más internacional de todos los tiempos.

El libro va a conmocionar no solo al mundo artístico sino también al social (Isabel Preysler es una de las protagonistas). A pesar de que Alfredo es uno de esos personajes que, al igual que este columnista, vale más por lo que calla que por lo que cuenta, si contara todo lo que sabe y calla, seguro estoy que Julito no levantaría cabeza.

Decir que todo el mérito del éxito del cantante es exclusivo de Alfredo, es mucho decir pero que el despegue y consolidación de Julio como el artista universal que ha sido, es obra de Fraile. De justicia, reconocerlo.

Quien no lo hace es el propio artista que acabó con su manager como el Rey con Sabino, cansado de que éste le dijera constantemente no solo lo que hacía mal o no debía hacer. También tapar lo que no se debía conocer.

Con una diferencia: don Juan Carlos prescindió de Fernández Campo con aquella cruel frase de “Sofi, ¿sabes que Sabino nos deja?”. Alfredo fue quien decidió romper ese matrimonio artístico que duraba ya casi veinte años: “¿Sabes lo que te digo? Que estoy hasta los cojones de tí. Que no te aguanto más. Y, ahora, si tienes lo que debes tener, cierra un segundo tus ojos porque, cuando los abras, no me verás más. Ni ahora ni en tu puta vida”. Y así fue y así ha sido.

Atrás quedaba toda la lucha por dar a conocer a Julio a quien Quique Herreros se lo regaló porque no hacía carrera de él; la boda con Isabel; los bolos por pueblos y ciudades de la América hispana más profunda y cantando, incluso, en modestos palenques mejicanos; las infidelidades de Julio; el divorcio de esta pareja tan famosa y tan guapa, y de cuyo rompimiento este columnista supo antes que el propio Julito; de los hijos, del secuestro de Julio padre que, por mucho que se dijera y se diga no fue obra de ETA sino de unos falsos etarras, de los amores del cantante que nunca fueron tres mil, de las novias, las queridas, de Vaitiaré y las drogas.

En el libro también se abordan las relaciones de Fraile con el rey Hassan de Marruecos, con Adolfo Suárez, con KIO y Javier de la Rosa… De la imagen de todos ellos y algunos más, se ocupó Alfredo, sin duda alguna el más importante manager de nuestro tiempo.

¿Qué dirá Julito de estas memorias? Está por ver. De lo que estoy seguro es que no aparecerán en el Hola, la “biblia” del cantante, quien, por una portada de la revista, vendería a su madre si viviera. A propósito de Charo, una mujer muy católica, apostólica y romana, solía exorcizar con agua bendita la habitación de su hijo cada vez que desaparecía alguna de sus novietas.

Todo esto y mucho más en “Secretos confesables”.