O es tonta o está enamorada

No hay la menor duda que la infanta Cristina ha preferido pasar por tonta que por delincuente. Hoy por hoy no es ni una cosa ni otra. No olvidemos que es licenciada en Políticas y directora del departamento de obras sociales de La Caixa.

El señor Fainé (“no es mi amigo sino mi jefe”) no solo la contrató porque el Rey se lo pidió, sino porque considera que es una chica preparada. Incluso le asignó, exclusivamente para ella, un ascensor que nadie podía utilizar. Un poco cortesano sí que me parece el Presidente de La Caixa quien, a diferencia del presidente de Telefónica, César Alierta, que prescindió de Urdangarin cuando le imputaron, prefirió mirar, estos días, hacia otro lado, manteniendo a la Infanta en su privilegiado puesto. Cierto es que en Ginebra.

La comparecencia de Cristina ante el juez Castro ha supuesto no solo una vergüenza familiar, supongo, sino también una vergüenza nacional que afecta y muy negativamente a la Marca España. No hay más que leer los titulares de toda la prensa internacional.

El sábado por la noche, la Infanta acudió, directamente desde Palma, a La Zarzuela para informar de su declaración ante el juez Castro. Pienso que don Juan Carlos, como padre, carece de fuerza moral para enfrentarse a sus hijos (cuando lo del Príncipe con Eva Sannum acudió a Peces Barba para que le convenciera dejar a la modelo). Pero, como Rey, tiene toda la legitimidad constitucional para exigir a su hija la renuncia, no solo del ducado que le concedió, a título personal y vitalicio con motivo de la boda, sino también a privilegios y honores. Artículo 57.5 de la Constitución. Con ello, se repararía los graves daños infringidos a la Monarquía, a la persona de Su Majestad y a la Familia Real.

Lo que no se entiende es que, reconociendo que “confiaba en mi marido” (habla en pasado) haya seguido conviviendo junto a él, incluso después de conocer, documentalmente, las actividades presuntamente delictivas de Iñaki.

Ante esta actitud, solo cabe pensar en dos motivos: sigue estando locamente enamorada aunque el amor no es un eximente ni un atenuante penal, como piensa el señor Silva, ese abogado tan cursi y tan cortesano que, cuando la recibió a las puertas del juzgado, solo le faltó lo hiciera con un ramo de flores.

O lo que es peor: que su participación en los negocios de su marido fueron en calidad de cómplice y, en todo caso, beneficiaria.

Hasta el fiscal-defensor Horrach lo reconoce cuando exige a la Infanta “600.000 euros por responsabilidad civil como partícipe a título LUCRATIVO por ser socia, al cincuenta por ciento de Aizoon”.

Lo más indignante de todo lo que sucedió en el juzgado de Palma fueron las declaraciones de los abogados defensores de Cristina. Para el señor Roca, pienso que su presencia era más política que profesional, “la Infanta ha declarado, ha colaborado con la justicia y lo ha hecho sin ningún tipo de privilegio. (?) Doña Cristina ha contestado a todo el mundo, desde lo que es SU PROPIA VERDAD. Hoy no podía ser para la Infanta y para sus abogados un día mejor”.

Peor fue lo del señor Silva, quien, con todo cinismo, declaró: “En siete horas de interrogatorio se ha podido esclarecer todo y despertar en Su Señoría, en las Administraciones Públicas y en la opinión pública… cuan inocente es la Infanta”. ¡Toma ya!