Rafael Spottorno, lo mejor de la Casa

El día que nombraron a Rafael Spottorno Jefe de la Casa de Su Majestad, yo me permití felicitar más al Rey que al ilustre diplomático, por el acierto de la elección del sustituto de Alberto Aza, otro diplomático que, durante diez años, estuvo en el cargo, actuando más como fontanero de La Moncloa que fue en vez de responsable de La Zarzuela que era.

No hice extensiva la felicitación a Spottorno porque no era un puesto fácil ni agradable y, por supuesto, ni bien pagado. Poco más de cinco mil euros, el sueldo de un ministro (el cargo tiene la misma categoría).

Hay que reconocer que don Juan Carlos tiene buena vista y un sexto sentido para elegir a sus colaboradores. Lo demostró al designar a Adolfo Suárez como el hombre adecuado para la transición, aunque luego le retirara su apoyo y le dejara caer. Pero ya se sabe del desagradecimiento proverbial de los borbones. Acertó también con el general Sabino Fernández Campo, un hombre leal como el que más.

Al elegir el Rey a Rafael Spottorno, ya sabía que era el hombre adecuado para lo que se avecinaba. No en balde el diplomático había trabajado diez años al frente de la Secretaría General de la Casa.

“Hace falta todo el talento, discreción, prudencia, sentido del humor y responsabilidad para defender no solo a Su Majestad sino a toda la Familia Real, tan mal avenida, el presidio del padre y el infierno de los hijos, nueras y yernos”, escribí aquel día.

Antes de ser designado Jefe de la Casa, Rafael Spottorno fue responsable, durante unos años, de la Fundación Caja Madrid, la entidad financiera presidida por ese impresentable (presunto, claro está, presunto) “banquero” llamado Miguel Blesa. Hoy se ha sabido que su paso por dicha fundación fue como la del cristal, atravesado por el sol sin lograr romperlo ni mancharlo. No solo fue un ejecutivo incorruptible sino que supo enfrentarse, con honestidad y valentía, a las presiones tanto del Presidente como de otros expresidentes, familiares y políticos.

Y encima el hijo del pintor con cuyas obras querían dar el pelotazo a Caja Madrid ha tenido la desfachatez y el descaro de declarar que, al oponerse el Sr. Spottorno a la venta de esas obras “quería colgarse una medalla”. Cierto es, la medalla de la responsabilidad y de la honestidad.

Asimismo, con honestidad y valentía, supo reconducir el caso Urdangarin que le estalló en pleno rodaje del cargo. También el “marrón” del safari de Botswuana y a las campañas desde dentro y fuera de La Zarzuela sobre la abdicación del Rey.

Por todo esto y por mucho más, el nombre de Rafael Spottorno “un hombre con talante liberal, simpatía, cultura, discreción, prudencia” se pronuncia hoy con admiración y respeto.