Ya vuelve el español donde solía

El príncipe Felipe emprende viaje a Sudáfrica para asistir al funeral del mítico expresidente Nelson Mandela. Le acompaña el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Nada más.

La frase que titula esta columna no es del periodista sino del académico de la Lengua, Federico García Sanchíz (1886-1964), también conocido por el apelativo de “el pobrecito hablador”, que la hizo popular cuando repetía escenario y conferencia donde ya había estado.

El heredero no solo regresa al Airbus de las Fuerzas Aéreas Españolas, en el que no pudo volar el pasado 25 de noviembre por avería. También al escenario donde, en julio del 2010, la selección española de fútbol se proclamó campeona del mundo.

Dado que la duración del viaje, desde Madrid a Johannesburgo, será de diez horas, tanto él como Rajoy se verán obligados a dormir a bordo. Será la segunda vez que lo haga. La anterior fue durante la tensa noche del 25 de noviembre, mientras los mecánicos intentaban lo imposible. Aunque todo el pasaje fue invitado a desalojar el aparato, Felipe decidió quedarse a bordo y dormir tranquilamente, mientras que el séquito descabeza el sueño en la sala de autoridades de Torrejón.

También volverá donde ya estuvo, no una vez ni dos sino tres: en mayo de 1994 cuando, en representación de su padre, el Rey, asistió a la toma de posesión de Mandela como presidente; en 1999, en la del sucesor en el cargo Tabo Mbeka y la tercera y más importante a nivel español, la apoteósica y emocionante victoria del mundial de Sudáfrica.

El Príncipe regresa, incluso, no solo a la misma ciudad sino al mismo escenario en el que España jugó la final: el estadio Soccer City, hoy rebautizado con el nombre de FNB Stadium. Me es muy grato recordar y para el Príncipe también lo será que aquella final tuvo un testigo de excepción: Madiba y su esposa Graça Machel. Aunque Mandela había cumplido 92 años, su salud era precaria y acababa de perder hacía unos días a una nieta, quiso estar en el estadio donde se celebrará su funeral.

Puede sorprender que para esta solemne ceremonia se haya elegido como escenario un lugar tan insólito e inadecuado como un estadio. A este periodista no le sorprende ya que fue testigo, en julio de 1977, de la coronación de un emperador, Bokassa, sobre el césped del estadio nacional de Bangui, capital de Centroáfrica.

Inolvidable para el Príncipe aquellas imágenes en las que aparecía con la Copa del Mundo en la mano, rodeado de su madre, la reina Sofía, de su esposa, la inefable Letizia, de Rafa Nadal y de Plácido Domingo. Fue un día para la historia.

Todo esto recordará durante los funerales de quien honró con su presencia aquel memorable día para los españoles.