Franco y el asesinato de Kennedy

Ante las grandes tragedias de los últimos tiempos (el asesinato de Kennedy, los atentados de las Torres Gemelas en Nueva York y de Atocha en Madrid) suele ser frecuente preguntar: ¿qué estabas haciendo ese día? ¿Cómo reaccionaste?

Una lágrima puede ser el resumen poético de tanta impresión, basculando entre la certeza y la duda. Pero, la reacción suele ser más vulgar porque el ser humano no puede soportar, mucho, la realidad cuando ésta es tan trágica como el asesinato de Kennedy, por ejemplo.

Estos días que se ha conmemorado el 50 aniversario del magnicidio de Dallas, no he podido por menos que recordar la reacción de algunos personajes al recibir la noticia, entre estos la de dos estadistas tan distintos, tan opuestos como eran Franco y Krushchev.

Puede que nuestros internautas no entiendan ni la de uno ni la del otro. Pero hay que creerlo porque los testimonios de estas reacciones tan insólitas son, de un general de la Guardia Civil, en el caso del caudillo, y de su hijo en el del Presidente de la entonces Unión Soviética.

Desconozco los sentimientos de Franco hacia Kennedy. Pero todo el mundo sabía los de Krushchev, enfrentado al presidente norteamericano, en uno de los momentos más críticos de la guerra fría, tras el fracaso de la invasión de Bahía Cochinos en Cuba. Sorprende que la reacción de uno y otro nada que ver con sus posiciones políticas.

Según Sergei, el hijo del presidente de la Unión Soviética, desconcertó, incluso, a la familia. No solo porque su primera intención fue presentarse en Washington para asistir al funeral sino que permaneció, durante mucho tiempo, paseando emocionado por el salón de su residencia en el Kremlin, al tiempo que se le oía musitar “no puede ser, no puede ser”. Tan afectado estaba que rogó a su esposa enviara un telegrama a Jackie.

Mientras, a esa misma hora, 18:30 de aquel dramático 22 de noviembre, el general Franco se enteraba en su residencia del Canto del Pico, en Torrelodones, un palacete que le había regalado, después de la guerra, su propietario el conde de las Almenas. A esta finca solía acudir muchos fines de semana para pintar y leer.

La noticia se había recibido a través del teléfono del coche del jefe de su escolta, un oficial de la guardia civil, que me lo contó en el trascurso de una cena, en la que coincidimos, ya jubilado como general jefe del Cuerpo en Galicia.

Para informar al caudillo, entró inmediatamente en la casa. Ante su sorpresa, se lo encontró subido en una escalera de mano en la biblioteca.

 Excelencia, acabamos de recibir la noticia del asesinato del presidente Kennedy en Dallas.

Franco, se limitó a mirarle desde esa altura, sin hacerle preguntas ni comentario alguno.

A las 20:00 y como estaba ya previsto, el jefe del Estado regresó a su residencia de El Pardo. Al descender del Rolls Royce, se dirigió al ayudante para decirle escuetamente:

 Mañana quedan suspendidas las audiencias.

No hubo más. Eso fue todo, mientras el mundo entero se conmovía por la trágica noticia. ¡Qué frialdad la de este hombre incapaz de exteriorizar el menor sentimiento! A lo peor, era de esos seres para quienes la emoción suele ser letargia. Aristóteles decía que el hombre solitario o es una bestia o es un dios.

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