El juez se queda solo

Confieso que siempre he tenido simpatía por el juez Javier Gómez Bermúdez, “el Yul Brynner de la justicia española”, como le califica mi compañera Emilia Landaluce, en su artículo en El Mundo, “Crisis entre el juez y la tertuliana”. Le admiro profesionalmente no solo porque me recuerda a mi abuelo, un magistrado duro, inflexible y honesto como él, sino porque es un hombre educado, discreto y muy cuidadoso con su vida privada. Hasta esta semana que se ha visto en la picota mediática por culpa de su todavía esposa Elisa Beni, la tertuliana.

Es la segunda vez que el gran magistrado se convierte en protagonista por motivos ajenos a su profesión y, pienso, que contra su voluntad. La primera, su todavía esposa se aprovechó de la relación matrimonial para escribir un polémico e inoportuno libro, “La soledad del juzgador”, utilizando todo el material del proceso del 11M que, el ilustre magistrado, había presidido. Y encima, se defendió declarando, cínicamente “El libro es mío, solo mío, y no de mi marido, el juez Bermúdez”.

La publicación no sentó bien ni al Gobierno ni a la oposición, ni a los acusados ni a las víctimas y, mucho menos, a Su Señoría: “Mi mujer le dio armas a aquellos que querían desprestigiar el trabajo que había hecho”.

Fue tal el escándalo por este abuso de Beni, que fue despedida, por “pérdida de confianza” del cargo que, como jefa de prensa del Tribunal Superior de Justicia tenía.

Desde entonces, la señora del juez se convirtió en una tertuliana, polémica y agresivamente desagradable.

Este columnista tuvo la desgracia de coincidir con ella en un debate de “La Noria”, el famoso programa de Telecinco presentado por Jordi González, en el que se enfrentó a mí porque se me ocurrió recordarle su papel de esposa de Gómez Bermúdez.

Con el mal estilo que caracteriza a la compañera, reaccionó violentamente, olvidando que no solo se aprovechó de su esposo para escribir el libro sino que en éste hablaba de su vida privada con “un retrato del apasionado matrimonio de los señores Gómez Bermúdez, con párrafos ciertamente reveladores sobre como “su juez le llamaba cielo”.” (Landaluce escribe)

Ella, cínicamente, se defendió explicando que “el libro está escrito con mucha más garra que su sentencia”.

Confieso que, a veces, no entiendo como determinadas personas, hombre o mujer, se han podido casar con la mujer o el hombre con quien lo están. No porque en el matrimonio deba haber magia sino porque debe estar basado en una educación mutua e infinita, que decía Amiel.

Convivir con Elisa no debe ser fácil. Días pasados, Gómez Bermúdez compareció, por vez primera, en una tertulia, en La Sexta, casualmente, en el programa donde su todavía esposa colabora. ¿Le llevó o le convenció ella para que fuera en propio beneficio? A lo peor, sí. De todas formas, premonitorio fue el título de su libro: “La soledad del juzgador”. Mejor solo, Señoría.

¡Qué peligro tienes, Beni!