¿Ensayo general para cuando yo falte?

La tribuna real en el desfile de las Fuerzas Armadas me ha recordado la gran balconada del palacio de Buckingham en Londres, donde comparecían, puntualmente y en actos señalados, la familia real británica en pleno. Antaño y, a pesar de su dimensión, se producía un auténtico overbooking, dado el gran número de miembros de la familia de Su Graciosa Majestad.

En el “balcony” llegaron a comparecer hasta treinta y siete personas pero, por diversas circunstancias sobre todo muertes y divorcios, se fue reduciendo drásticamente hasta hacerlo, en solitario, la reina Isabel para leer su mensaje en la muerte de Lady Di.

Tal ha sucedido en la tribuna real con motivo de la Fiesta Nacional española. De llegar a ser, en los mejores tiempos, ocho (los Reyes, el Príncipe, las Infantas y sus cónyuges), ha quedado reducida a la mínima expresión de dos: Felipe y su consorte aunque con uno hubiera habido bastante, según afirmó un alto representante de Defensa. Como si los demás no existieran. Nunca una ausencia ha estado tan presente.

Por la falta de la una Ley de la Corona, que hubiera solucionado la ausencia del Rey, ha habido que improvisar y mal el protocolo de la parada militar, presidida por un… teniente coronel. Ahora se habla de hacerle general. Tampoco es eso.

Según el protocolo, sobre la Reina recae, en ausencia del Rey, la situación de prevalencia respecto al resto de miembros de la Casa Real. Solo hubiese sido aceptable la presidencia del príncipe Felipe en el desfile de haber sido regente.

El acto castrense de la plaza de Neptuno y el social del Palacio Real, tuvieron un ligero tufillo “necrológico”. Era como un ensayo general para… “el día que yo falte”.

El rey Juan Carlos cual aquel rey español que quiso ver en vida como sería su funeral, ha tenido la oportunidad de contemplar por televisión la Fiesta Nacional sin él. O como la reina madre de Inglaterra, que pudo ver con desagrado, en los funerales de Diana, el protocolo que se tenía preparado para el suyo.

Me gustaría saber qué pensaría el Rey viendo en la pequeña pantalla a su heredero, presidir el mini desfile y posterior recepción en el Palacio Real, junto a una doña Sofía que, aún faltando don Juan Calos, “yo seguiré siendo reina hasta la muerte, aunque esté “reinando mi hijo (como el pasado sábado). Porque eso de reina madre no me gusta nada. Ni reina madre ni reina viuda. Solo reina Sofía”.

De suceder así, se corre el riesgo que ese día suceda en España lo que en Bélgica a la muerte del rey Balduino: que hubo dos reinas: Paola y Fabiola. Con todos los problemas de protocolo que esta situación originó. Hasta que echaron a la reina viuda de la Corte, del palacio real de Laeken.

Todo esto debe ser contemplado por la futura ley de la Corona, si es que ésta se redacta algún día.

Pienso que, aún en contra de los deseos de doña Sofía, mejor sería aplicar la fórmula de los Países Bajos, donde la reina, al dejar de serlo, adquiere el título de princesa. Aunque en España solo pueden ostentarlo los herederos y sus consortes no estaría mal crearlo para la reina viuda. Cuando lo sea. ¡Larga vida a Su Majestad, el rey Don Juan Carlos I! Y para el Príncipe, toda la paciencia del mundo porque de serlo, hasta que su padre muera.

Y un consejo si se me permite para Felipe: es preferible improvisar equivocándose que leer tan mal como hizo con el mensaje del Rey. ¡Si tan solo se trataba de cien palabras, hombre! A pesar de lo tan bien preparado que dicen está, sigue sin soltarse a la hora de los discursos. Siempre mal leídos e improvisar… nunca lo ha hecho. Por ello, era lógica la preocupación de la Reina y de Letizia, que leer sí que sabe. No olvidemos que ha sido una profesional de eso.