Con peineta y mantilla

El beso de doña Sofía a su esposo, don Juan Carlos, en la escalinata de su residencia oficial y privada del Palacio de La Zarzuela, el día 18 del pasado mes de septiembre, que tanto sorprendió, no solo al Rey sino a todos los españoles ¿era la expresión de amor de una esposa todavía enamorada, a pesar de todo? Puede.

Pero, sobre todo, era la demostración pública de que su vida es la vida del Rey. “No tengo otra vida”, ha reconocido. Aunque don Juan Carlos es el rey, el estatus de doña Sofía está ligado al del soberano como consorte, como reina consorte hasta la muerte. Como tal, se comporta.

De un tiempo a esta parte, no solo ha recobrado la admiración del personal por su ejemplar comportamiento sino su estatus, de una forma muy activa y oficial, demostrando que, si cada miembro de la Familia Real coopera, la Institución funciona, se fortalece y se prestigia. Yo creo que este es el caso de la Reina, un soporte moral y un gran elemento de estabilidad de la Corona española.

Su presencia en la base naval de Cádiz, amadrinando la entrega de la bandera de combate al buque Juan Carlos I, el 15 de septiembre, y presidiendo, el pasado domingo los actos centrales del día de la Guardia Civil, con la entrega de una bandera nacional, ha sido un ejemplo y un mensaje, sobre todo, para Letizia.

La imagen de la Reina, con traje largo, mantilla y peineta, me ha recordado a la consorte del príncipe Felipe de trapillo en actos parecidos.

No seré yo quien exija a Letizia que vista como doña Sofía. Hay quien me dice que la Reina con mantilla y peineta le recordaba el Nodo. Tampoco es eso. Pero, ¡coño!, no puede asistir, como ya lo ha hecho varias veces la consorte, con un informal y vulgar pantalón de Mango y una no menos y vulgar camisa blanca de Zara y los zapatos de tacón bajo.

Pienso que la culpa la tiene el Príncipe por permitirle ir de tal guisa. Como en su día Zapatero a sus hijas para saludar al presidente Obama.

Cierto es que cada cual, desde las “góticas” a la consorte, tiene derecho a vestir como le de la gana pero no para asistir a determinados actos.

¿Le ha querido la Reina dar una lección a quien, en un futuro, Dios quiera que muy lejos, puede ser, desgraciadamente, su sustituta como consorte del rey Felipe VI?