Hasta el ABC lo ha tenido que reconocer

El diario ABC, tan monárquico él, y su redactora especializada en temas de la Casa Real, Almudena Martínez, tan cortesana ella, han tenido que aceptar la triste realidad: “Señales de crisis entre los Príncipes de Asturias en sus vacaciones privadas”. Seguramente, no es que no lo supieran, simple y sencillamente preferían guardar un respetuoso silencio, aún a riesgo de hacer el ridículo.

La “portavoz” de la pareja intenta minimizar la situación debido a que “doña Letizia intenta marcar un espacio propio que, a veces, choca con su condición de Princesa”. No es que choque, querida, es que es un tsunami.

Hace nueve años, los transcurridos desde el mismo día del anuncio de la boda, vengo escribiendo y diciendo que, este matrimonio, nunca debía haberse celebrado. ¿Los culpables? En primer lugar, el Príncipe, por haberse enamorado de la mujer no adecuada. También el Rey por haberlo autorizado y la Reina por haberlo amparado. Cierto es que , entonces, de la misa solo se conocía la mitad.

Aquella frase que tan desagradablemente sorprendió a la opinión pública, de “déjame hablar a mí”, se ha convertido, con el paso de estos años, en “déjame vivir a mi”. ¡Pobre Felipe! ¡Qué mala suerte la tuya!

La muchacha quiere ser consorte sólo de 9 a 2 y los fines de semana que no cuenten con ella. Dice que tiene derecho a su tiempo libre. El Príncipe, para ahorrarse conflictos conyugales, la deja vivir a su aire. ¡Gran error!

Según la compañera de El Mundo, Emilia Landaluce, se trata de un peligroso juego que perjudica a la Corona. Siempre he dicho que no sólo es Urdangarin quien está dañando a la monarquía.

Es difícil calificar el comportamiento de Letizia cuando pierde los papeles institucionales, sin importarle el qué dirán y con un desprecio enorme a la figura del Rey.

Lo que voy a relatar demuestra que su estado emocional no es, cuando menos, equilibrado. Según cuenta Landaluce “recientemente asistió a un acto castrense en compañía de los reyes y el Príncipe. Mientras éstos departían con altos mandos militares “todos empezamos a preguntarnos donde estaba Letizia. Cual sería nuestra sorpresa al descubrir que se había metido sola, en un despacho y a oscuras, para no tener que hablar con nadie” (sic). La anécdota, elocuentemente expresiva de la situación, ¿se comenta sola? No seré yo quien lo haga.

Por otro lado, desaparecer con sus hijas, sin que se sepa dónde, no es de recibo. Por mucho que pretendan que las vacaciones sean privadas. También lo son las de todas las familias reales de las monarquías europeas pero sin tener que esconderse. Los nuevos reyes de Bélgica y de los Países Bajos han remitido, incluso, fotografías a la prensa. Guillermo y Máxima, desde Kranidi, Grecia; Felipe y Matilde, desde la isla de Yeu, Francia; Federico y Mary de Dinamarca desde el palacio de Grasten, al sur del país, donde la Reina Margarita ha congregado a toda la familia; Victoria y Daniel de Suecia, en la isla de Oland y en St. Tropez, Francia; y la familia real inglesa en Sandrigham.

¿Es que la Familia Real española no podría comportarse como las demás en vacaciones? ¿Es que en esto también tienen que ser diferentes?

Mucho me temo que la ley de transparencia, con Letizia por medio, no servirá para nada.