Doce años de cárcel para Urdangarin

Esta es la cifra que el fiscal instructor, Pedro Horrach, en su escrito de acusación pide para Iñaki Urdangarin. Puede que se queden en seis. Ó en tres. Pero que el todavía marido de la Infanta entra en la cárcel, no lo duda nadie. Otra cosa es cuando.

Mientras, los duques del “empalmado” disfrutan de forma “estentórea” y sin el menor pudor de sus vacaciones estivales en las playas de Bidart, en el país vasco francés. Como el pasado año. Se trata del lugar de veraneo, de toda la vida, de la familia Urdangarin.

Sorprende que la Infanta prefiera estar con la familia política que con la propia. “No sin mi marido”. Las imágenes de tan playeras y familiares vacaciones demuestran que, a pesar de todos los pesares, incluidos los correos sexuales y la petición del fiscal, está dispuesta a permanecer junto a su marido hasta que la muerte ó la cárcel les separe.

¿Veremos a la Infanta, como a la esposa de Bárcenas, acudiendo a prisión para un vis a vis carcelario con su marido? Si el amor y la pasión es tan grande… tiempo al tiempo.

Entretanto, la Familia Real española sigue siendo un “ejemplo” de lo que no es una familia unida. Después del paripé de Marivent, llegaron, posaron y se largaron, lo hicieron cada uno por su lado. El rey cumplió con sus actos oficiales: la cena con las autoridades baleares, las que pagan dos millones de euros por mantener abierto Marivent, y la entrevista con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

La  Infanta Elena regresó a Madrid, después de unos días de estancia con su madre y sus hijos, Froilan y Federica, para entregárselos a su ex, Jaime Marichalar, que se los llevó a Cádiz, a Sotogrande.

El Príncipe, después de participar en las regatas de la Copa del Rey, decidió quedarse unos días con la Reina y sus hijas, Leonor y Sofía. Mientras, la inefable Letizia, después de tres días, abandonó Palma como alma que lleva el diablo, para regresar en solitario en Madrid, sin que La Zarzuela explicara el motivo de su marcha. No era necesario. Todo dios sabe que no traga ni a Mallorca ni a Marivent.

No le ha importado se dispararan los rumores de una crisis matrimonial. Cierto es que Felipe es un buenazo pero me resulta inadecuado considerarle un calzonazos, incapaz de pastorear a esa esposa que prefiere estar sola sin respeto a nada ni a nadie. En todo caso, se trata de la actitud de una señora a quien le importan muy poco sus obligaciones como consorte y miembro de la Familia Real. ¡Qué coño hacía sola en Madrid! Es que ni cubrir las apariencias. Recuerdo hoy aquellos años primeros en los que acudía al Club Náutico acompañada de la Reina. Cuando había que posar ante los fotógrafos, la soberana siempre le decía: “quítate las gafas”. Hoy se quita de en medio.

Aquello de “déjame hablar a mí”, de tan triste memoria, se ha convertido hoy en “déjame vivir a mi… aire”. Según mi compañera Emilia Landaluce, simplemente se encuentran “en la típica fase de que cada uno hace un poco lo que quiere para llevarse bien”. No hay duda que esta chica es tal como la retrata su primo ó peor. ¡Pobre Felipe!