Nadie quiere esponsorizarles

La Familia Real española ha dejado de ser ese oscuro objeto de deseo de empresas, entidades y multinacionales para esponsarizar su participación en competiciones náuticas. Se ha visto este año donde el Príncipe ha participado en la Copa del Rey de vela, a la caña de Aifos, un velero insignia de la Armada española. También lo hizo el pasado aunque solo una jornada.

A propósito, sería positivo para la imagen de la Casa Real que fuera la Marina quien les dotara de una embarcación durante la estancia del Rey en Mallorca. Como se hace en el Reino Unido con la Reina Isabel. Desde que dejó el Britannia, el Gobierno le ha proporcionado un yate, no tan lujoso ni espectacular como el anterior, pero si digno en consonancia con su imagen.

Pienso que esto debía haberse hecho siempre en España, evitando que fueran los particulares quienes tuvieran que regalar las sucesivos fortunas a Su Majestad. Unos particulares mejor que otros. Aceptó el regalo del Rey de Arabia. No fue, que digamos, muy ético. Peor hubiera sido el que Mario Conde ya había construido en los astilleros de Paco Sitges, amigo de ambos. Sabino Fernández Campo, Jefe de la Casa de Su Majestad entonces, logró disuadirle de aquel regalo envenenado. De ahí, el odio del exbanquero hacia el general. Como consecuencia de ello, logro, incluso, que el Rey le cesara.

El último Fortuna que el soberano ha podido disfrutar le fue ofrecido por los empresarios mallorquines. Consciente de que es un lujo que no se puede permitir, dada la crítica situación económica por la que atraviesa el país, don Juan Carlos  renunció a él. Quienes se lo regalaron exigieron a Patrimonio Nacional su devolución para ponerlo en venta. Difícil lo tienen. Pocos pueden pagar, no los cinco millones de euros que piden, sino los 450.000 litros de combustible que gasta por paseo.

Pero volviendo a los esponsor. Pasaron ya los felices años en los que las firmas se peleaban por convertir a todos los miembros de la Familia Real en hombres y mujeres anuncios, con gorras y camisetas con los logos de sus empresas, el mismo que figuraba en las embarcaciones que competían.

Los Puig, famosos perfumistas catalanes gastaron millones costeando los hobbies marineros de la familia y pagando hoteles y viajes a la prensa nacional y extranjera.

La Infanta Cristina patroneaba uno de esos veleros con la firma Puig ó la colonia Aqua Brava.

Pero eso se ha acabado. Este año, hasta el Banco Sabadell decidió no seguir patrocinando el barco de Felipe. “No llaméis más”, advirtió la entidad bancaria a Fernando León, uno de los tripulantes  y encargado de buscar patrocinadores. Es más, el Banco Sabadell, nuevo dueño de la quebrada Caja de Ahorros del Mediterráneo que daba nombre a la embarcación del Príncipe, el CAM, no sólo no ha desembolsado ni un euro para costear los caprichos principescos y de sus amigos sino que ha vendido el “barco del príncipe” (Consuelo Font dixit) a un armador italiano por 600.000 euros.

Lo que digo, ligar el nombre comercial al de la Familia Real, tan desprestigiada y no solo por culpa de Iñaki Urdangarin, ya no interesa. Cierto es que todavía queda Mapfre, la empresa empleadora de la Infanta Elena, a petición del Rey. También La Caixa, que lo es de la Infanta Cristina. Fainé debería echarles una mano, una vez más.

La situación económica es tan crítica que hasta las velas del Aifos, son de segunda mano. Como ha reconocido Fernando León y eso que el barco es de la Armada, que tampoco está para tirar el dinero.