Vacaciones sin fortuna

Las bodas, los bautizos, los funerales pero, sobre todo, las vacaciones estivales suelen poner de manifiesto, de una manera dramáticamente pública, los demonios familiares. Unas veces por el tormento de la presencia no deseada, otras por ausencias muy presentes.

Estos días se habla y se especula como serán las vacaciones de la Familia Real o lo que de ella queda. Pocos y mal avenidos. Lejos ya, aunque no tanto, la época en la que los Reyes, las Infantas y sus maridos, el Príncipe y su consorte llegaban a Palma de Mallorca para disfrutar, en familia, de las vacaciones en el Palacio de Marivent, reconvertido en una pequeña urbanización real, a cargo del contribuyente, para que las cuatro familias individuales, en la que se había convertido la Familia Real, pudieran disfrutar, con intimidad, comodidad e independencia, de las vacaciones.

Para ello, el gobierno balear invirtió un pastón en construir, en el recinto del palacio del griego Saridaki, una serie de villas, tantas como cuatro: la “Casa del Almirante” para los Borbón Rocasolano; la “Residencia de Oficiales”, para los Borbón Marichalar; “Sont Vent” para los Borbón Urdangarin y la “Casa dels Posaders” para los griegos (el cuñadísimo Constantino y familia) y actualmente para los invitados. Sin escatimar costes en muebles y decoración, un derroche de generosidad, supervisado por doña Sofía. Todo esto, que apenas se utiliza, cuesta al erario público más de dos millones de euros.

A todos ellos, se les podía ver juntos en la cubierta de los sucesivos Fortunas, realizando excursiones familiares a la isla de Cabrera, reservada en exclusiva para la Familia Real, y protegida, por tierra, mar y aire, de la curiosidad de los paparazzis. Tanta seguridad no evitaba que todos los veranos se les “cazara” bañándose en las calas de la preciosa isla. E, incluso, a don Juan Carlos en pelotas en cierta ocasión sobre la cubierta del yate real y, doña Sofía, con su nuera la inefable Letizia, cuando la relación era más fluida y la reina se permitía aconsejarle, tomando el sol en bañador en el solárium del Fortuna. Después de estas polémicas imágenes de aquel verano, las infantas Elena y Cristina decidieron facilitar la labor de los reporteros, acudiendo a bañarse en una playa pública de Palma.

¡Todo parecía tan feliz! Nada hacía sospechar que se estaban viviendo las últimas vacaciones estivales… en familia. No solo porque el matrimonio de la infanta Elena y Jaime Marichalar estaba a punto de convertirse en “un cese temporal de convivencia” , eufemismo acuñado por la Casa Real para no llamar a aquella crisis ruptura, separación o divorcio, sino porque, en junio del 2012, se hace público que Cristina e Iñaki no irán a Palma. Por primera vez, ese año, ningún miembro de la Familia Real participa en la Copa del Rey de vela, tras la retirada de la mayoría de los patrocinadores oficiales. Tampoco usarán el Fortuna, por solidaridad con la situación.

Para acabarlo de arreglar, Letizia declaraba que Mallorca no “es un lugar ideal para las vacaciones”. ¡Toma ya, ofensa para los mallorquines! Yo que ellos, le declaraba persona non grata.

El verano pasado, la desbandada fue ya general. Incluso Cristina se llevó a sus cuatro hijos de Marivent, después de haberse comprometido que pasaran las vacaciones con su abuela, la reina. Lo hizo como represalia porque se prohibió a Iñaki acudir a Marivent.

Por su parte, Felipe y Letizia regalaron su presencia solo unos días. Y siguiendo su fea costumbre, desaparecieron con destino desconocido a alguna paradisíaca isla. Como si Mallorca no lo fuera. A pesar de la crisis, mucho me temo repetirán la escapada. A pesar de la transparencia que la Casa Real hace gala, no sabremos donde recalarán. Querido Javier Ayuso, haz un esfuerzo e infórmanos, por favor.

Este verano, todavía será peor. El Fortuna ya no existe; el Rey, con sus problemas de tornillería, no podrá; los Urdangarin se abstendrán y Elena, ese verso suelto de la familia, irá y vendrá. Y la reina, sola o en compañía de su hermana la princesa Irene y de su íntima amiga y paño de lágrimas Tatiana Radziwill, la única fiel a la cita con la isla, volverá.

Qué lejos, lejísimos quedan ya aquellos comienzos de las vacaciones de verano, con la llegada a la base aérea de Son San Juan, a bordo de dos aviones mystere, don Juan Carlos con sus hijas Elena y Cristina en uno, y doña Sofía y su muy amadísimo hijo en otro.

De aquella Familia Real, ¿qué queda hoy? Ni el Fortuna.

No hay duda de que el principio de la ausencia es el fin de la vida en común.