¿Abdicar yo? ¡¡Nunca!!

El pasado domingo, 2 de junio, la reina Isabel II, el Rolls Royce de las monarquías y un símbolo fascinante, hizo sesenta años como reina de Inglaterra. Subió al trono a la muerte de su padre, el rey Jorge VI. Tenía entonces veintisiete años. Hoy ha cumplido ya los ochenta y siete.

A diferencia de España, donde el rey don Juan Carlos solo tiene setenta y cinco años, nadie pregunta en el Reino Unido ¿cuándo abdica? ¿Abdicar yo? ¡¡Nunca!!

En Gran Bretaña todos los soberanos lo han sido hasta la muerte. Salvo el irresponsable Eduardo VIII, quien abdicó, en 1936, porque se había enamorado de Wallis Simpson, una americana andrógina, dos veces divorciada. Fue una gran frivolidad. Y, siempre, una abdicación igual a traición, que se decía.

Al contrario de lo que sucede con la monarquía española, en Inglaterra la popularidad de la reina Isabel se encuentra en un permanente ascenso. Se demostró en la boda de su nieto el príncipe Guillermo con Kate. Aquel día los británicos se volcaron entusiasmados con su soberana.

No sucedió lo mismo el día que contrajo matrimonio el príncipe Felipe con Letizia. No importó que el país se encontrara todavía bajo los efectos del mayor acto terrorista de nuestra historia, el de Atocha, con doscientos muertos y miles de heridos. Fue un día para olvidar.

Es tal el apoyo de los británicos a Su Graciosa Majestad que una inmensa mayoría piensa que debe permanecer en el trono incluso en caso de grave enfermedad. Hasta su muerte. Así será.

La longevidad de los reyes británicos pero, sobre todo, de las reinas suele mantener a sus herederos largos años en expectación de destino. Eduardo VII, hijo de la reina Victoria, no fue rey hasta los sesenta y cuatro años. Y el príncipe Carlos que va ya para los sesenta y cinco, no se sabe ni cuándo.

De lo que no existe la menor duda es que será el futuro rey. A pesar de quienes piensan o desean que lo fuera su hijo, el príncipe Guillermo. Pero no hay que olvidar que las monarquías no son selectivas sino hereditarias.

Lo que no está claro es si Camilla, cuando Carlos se convierta, algún día rey, será reina consorte. La mayoría de los británicos, hasta un 46% preferirían que solo recibiera el título de princesa consorte, por aquello de ser una mujer divorciada. Sería lo acertado. En España también.

La monarquía no es una institución bicéfala sino de una sola persona. En Inglaterra, la reina; en España, el rey.

La propia reina Sofía ha reconocido que ella es tan solo la consorte del rey. “Lo de reina es porque estoy casada con el rey”.

Por todo ello, no sería descabellado que Letizia fuera, en su día, princesa consorte. Como Camilla en el Reino Unido. En este tema, hay una cierta discriminación sobre la que el propio consorte Henri, esposo de la reina Margarita de Dinamarca, ha protestado en más de una ocasión. ¿Por qué el hombre que se casa con una reina es príncipe consorte y la mujer que se casa con un rey se convierte en reina?

Otro soberano que tampoco está dispuesto a abdicar es Alberto de los belgas, de setenta y seis años. Aunque, con motivo del veinte aniversario de su reinado, el próximo 21 de julio, rumores hay que pueda hacerlo.

Pero ni el país, tan fracturado (valones, flamencos …) está para abdicaciones ni el príncipe heredero Felipe dicen tiene el carisma y la preparación, a pesar de haber cumplido ya los cincuenta y tres años. Es más, un 28% de los ciudadanos piensan que nunca llegará a estarlo¿?