Después del Fortuna, ¿Qué?

En la Casa Real, en La Zarzuela, cada día es una aventura. Nadie sabe lo que pasará mañana. Posiblemente, será peor que hoy. El pasado jueves, el Jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno, se dirigió al presidente de Patrimonio Nacional, José Rodríguez-Spiteri, solicitándole procediera a iniciar los trámites para la “desafectación” del yate real Fortuna, ni el más pesimista y crítico de la monarquía se esperaba tal cosa. ¿Se trataba de un gesto para lavar la imagen del rey? Puede. Aunque existen cosas más importantes a prescindir.

La palabra empleada por el señor Spottorno puede que no fuera la más apropiada y exacta para este caso. Según el diccionario de la RAE “desafectación es declarar, formal o tácitamente, que un bien de dominio público queda desvinculado de uso o servicio público”.

Pero el Fortuna no ha sido jamás un bien al alcance de todos los españoles. Por mucho que pertenezca a Patrimonio, un formulismo para que paguemos todos y lo disfrute, tan solo, la Familia Real. No lo digo yo. Lo piensa la propia reina Sofía cuando, refiriéndose a La Maretta, el palacete que el rey don Juan Carlos tenía en Lanzarote: “Nos la regaló el rey Hussein de Jordania y nosotros la cedimos a Patrimonio Nacional. Era demasiado caro mantener ese tipo de casas y encima pagar impuestos” (“La reina”, Plaza y Janés).

Por herencia paterna, en la vida de don Juan Carlos el mar es casi vital. El lugar donde se siente más libre. Y ya se sabe lo que decía Baudelaire: “Hombre libre, siempre amará el mar”. De no haber sido rey, a lo mejor le hubiera gustado ser marino. No por eso de tener un amor en cada puerto, que también, sino para poder mandar un barco aunque, como general en jefe de todos los ejércitos es, también, el gran almirante de la Armada. En realidad donde lo era, en el Fortuna. En cualquiera de los tres que, bautizados con ese nombre, ha tenido. Podían haber sido cuatro con el que Mario Conde intentó “comprar” al rey e introducirse en La Zarzuela.

Con yate o sin él, lo consiguió. Incluso echar a Sabino Fernández Campo. No hay que olvidar que el general, como Jefe de la Casa de Su Majestad que era, se opuso a que don Juan Carlos aceptara el regalo. Fue en junio de 1991. Existían, como hoy, otras necesidades y la situación económica, aunque no tan grave, era muy difícil en vísperas de los JJOO y la Expo.

El rey navegó por última vez en el yate del que se desprende en agosto de 2012. Lo hizo en solitario, aprovechando que la embarcación había que moverla de vez en cuando. Fue una corta excursión hasta Cabrera y vuelta a su base de Puerto Pi, donde permanece en dique seco.

¿Qué se hará con el Fortuna regalado en el año 2000 por una treintena de empresarios mallorquines que aportaron los 3,000 millones de antiguas pesetas que costó la embarcación? Nada menos que a cien millones por cabeza.

Ahora que el soberano ha renunciado ¿cuál será su destino? ¿Venderlo como se hizo con los otros tres anteriores, incluido el que Conde pretendió regalarle? ¿Y con el dinero?

Lo correcto sería devolverlo a quienes lo aportaron en su día. Y el Gobierno dotar al Jefe del Estado una embarcación digna con tripulación de la Marina. Como el Britannia, el yate real de Isabel II, sustituido, por orden del gobierno, hace tres años, por uno más modesto.

¿Se renunciará también al palacio de Marivent? Muchos piensan que es excesivo solo para la reina, el único miembro de la Familia Real que corresponde con su presencia al afecto que muchos mallorquines siguen sintiendo, a pesar de todo.