14 de abril: Una fecha gafe para don Juan Carlos

Estoy totalmente de acuerdo con La Zarzuela: la abdicación del rey, ni la contemplo. Los que la piden, son unos irresponsables. Lo haga Agamenón ó ese “militar de alta graduación cercano a la Casa Real” quien, según mi compañera en El Mundo, Ana Romero, “le propuso, hace poco, al príncipe que aconsejara a su padre la abdicación”.

La respuesta de don Felipe fue correcta y educada, como corresponde: “Yo no le puedo pedir eso al rey”. También pudo haberle puesto firme por tal atrevimiento. ¿Cómo un general puede pedir tal cosa? ¿Ya empezamos?

Pienso que el heredero debe estar sufriendo lo suyo. Esta actitud es un ejemplo de moderación, responsabilidad y sacrificio en estos dramáticos momentos.

Como escribe el columnista Santiago González, también en El Mundo, “no sería justo que el príncipe cargara con el marrón del crédito agotado”. Que no lo está mientras don Juan Carlos continúe reinando aunque sea en una silla de ruedas.

Roosevelt rigió los destinos de Estados Unidos, en plena guerra mundial, inválido, midiéndose con líderes de la talla de Churchill y Stalin. Y, sin ir más lejos, en Alemania tenemos a su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, atado de por vida a una silla de ruedas, a causa de un atentando que le infligió un trastornado mental.

No hay que ponerse nerviosos. Dejemos que Su Majestad se recupere de la última intervención, recuperación que, parece ser, más lenta de lo que se esperaba. Quienes han pasado por ello, lo saben. No sería aconsejable demostrar lo contrario. Como sucedió en anteriores ocasiones con las consecuencias de retroceso que todos conocemos. Ser rey no quiere decir ser más macho que nadie.

Me parece frívolo y arriesgado poner como fecha crítica y límite para tomar decisiones, la del próximo 17 de mayo, final de la Copa del Rey entre el Madrid y el Atlético. Si le vemos en el palco del Bernabéu, es que ya está recuperado, dicen algunos. Pero ¿y si no acude a entregar la copa que lleva su nombre? Nada, que sigue recuperándose. Si yo fuera Rafael Spottorno, no le permitiría que acudiera si no está en las mejores condiciones.

Cierto es que sin la presencia en el estadio de vascos y catalanes, como el pasado año, el escenario sería el ideal y más propicio para un baño de adhesión multitudinaria a su persona y de la que tan necesitado está. Esperemos que así sea.

Mientras, que no se ponga el personal nervioso. Apresurarse lentamente ó ir deprisa lentamente. Es pasión de necios la prisa. ¿Qué se adelanta, los que tienen prisa, en pedir la abdicación? Cometer un gran error y del error sale muy a menudo el desastre, que decía Herodoto.

Y hablando de otra cosa, a propósito del 14 de abril, esa fecha tan poco agradable para la Familia Real y, sobre todo, para don Juan Carlos. El pasado domingo, 14 de abril, no es que hiciera ochenta años de la proclamación de la república, celebrada en esta ocasión con una multitudinaria manifestación en Madrid sino un año de la delicada intervención quirúrgica a la que el rey fue sometido, a causa de la triple fractura de cadera durante el polémico safari de Bostwana.

¡Oh!, maldita casualidad. El annus horribilis de don Juan Carlos empezó ese día. No hay la menor duda que el 14 de abril es una fecha gafe para nuestro monarca.