Va a ser que no… abdica

Este artículo me gustaría dedicárselo no solo al líder del PSC, Pere Navarro, sino también a Marcelo, el simpático colaborador de este periódico y la voz de su amo, como corresponde a quien es. Ayer me desternillaba de risa con su “Angorilla y Corinna Pompadour”. ¡Qué mala leche tienes, Padilla!

Y dedico el artículo porque el primero ha pedido la abdicación del Rey. El segundo, no una sino cien veces. Va a ser que no.

La pasada semana me había comprometido a dar una conferencia en Málaga, a beneficio de la Asociación Española de la Lucha contra el Cáncer, “El rey no abdica” era el título. Pero, cuando supe que Su Majestad iba a someterse a una delicada intervención quirúrgica, coincidiendo con las declaraciones de la “amiga entrañable” y el descubrimiento de su nido de amor en “La Angorilla”, el perjuicio que no beneficio de la duda me invadió. ¿Y si el rey abdica?, me pregunté.

Para acabarlo de arreglar, la imagen siliconada de Corinna era elevada a los altares de la portada del “Hola”, tan monárquica ella, mientras doña Sofía pedía el frasco de las sales. Ante tal escandalera, no se me ocurrió otra cosa que telefonear a Javier Ayuso, responsable de Comunicación de la Casa Real, quien me metió el corazón en un puño cuando me dijo: “Espera a la operación”. Intenté cambiar el título de la conferencia por el genérico “La abdicación del rey”. Imposible. Las invitaciones ya habían sido distribuidas y agotadas y la publicidad en marcha.

A lo peor, Pere Navarro y el travieso Marcelo llevaban razón. Por el momento, más bien va a ser que no.

En la clínica La Milagrosa se produjo el milagro. Don Juan Carlos superaba la delicada operación y ya está en La Zarzuela dispuesto a seguir reinando y afrontar, desde una silla de ruedas (como Roosevelt, según propia expresión) el juicio del yerno, la imputación de la hija, el alejamiento de Corinna, que al parecer, ha pasado a mejor vida, como “Marta, Carmen, Bárbara y Julia”, (Raul del Pozo dixit) y la presencia de la sufridora esposa, siempre tan sacrificada y tan profesional, incluso en el desamor. Se merece un descanso.

La Jefatura de la Casa ha transmitido dos mensajes tranquilizadores: el apoyo institucional por aquello de que Gobierno, oposición, Congreso, Senado, Tribunal Constitucional, Consejo General del Poder Judicial y hasta la Defensora del Pueblo han pasado por la clínica, en la que el soberano seguía ejerciendo sus funciones constitucionales. El otro mensaje, el de la unidad familiar. Por aquello de que también lo hicieron la Reina, las Infantas, el Príncipe, la inefable, con la sonrisa cada vez más forzada, y hasta las nietas, que le llevaron unos dibujitos al abuelo. ¡Para dibujitos está él con la que está cayendo! Ello no quiere decir nada. También le visitaron todos, en el hospital de San José, incluido Urdangarin, y se armó la de dios en la Nochebuena, donde nadie quería estar con nadie.

La Zarzuela ha dejado también muy claro que, durante estos meses de convalecencia (de dos a seis), el Príncipe representará a su padre, el Rey, pero nunca le sustituirá. Matizando que es gerundio. Felipe y Letizia tendrán que seguir esperando. Pere Navarro y Marcello, también. ¡Larga vida al rey!