Lo de Cristina, te indigna; lo de Ana, te avergüenza

Como escribe en “El Mundo” mi compañera Lucía Méndez, a quien tanto admiro, “Ana Mato es una víctima de su ex Jesús Sepúlveda. La hizo desgraciada como mujer y ahora como ministra… sus compañeros de partido y de Gobierno la ven como una desdichada que no se merece el calvario por el que está pasando”.

¿Lo es también la infanta Cristina de Ignacio Urdangarin? (lo de Iñaki me parece mucho más coloquial y entrañable, que no es el caso).

No puedo por menos de comparar a estas dos mujeres que copan las primeras páginas de todos los medios informativos por culpa de los dineros. Con una diferencia: mientras a la ministra se la cuestiona, se la insulta y se la pide que renuncie, ya, a su cartera de Sanidad, a la Infanta, a pesar de que el 80% de los españoles está a favor de su imputación, el juez Castro no se atreve por no… estigmatizarla, que no es un argumento jurídico sino “felipista”. Fue la misma razón del Supremo para no empapelar a Felipe González.

Por otro lado, la prensa, siempre tan cortesana, la señala tímidamente como colaboradora necesaria para enriquecimiento de su marido pero sin insultarla ni pedir que renuncie a título, honores y privilegios. Salvo excepciones, como este periodista y alguno más.

Vengo pidiendo su inculpación desde que tuve argumentos para ello. Mientras exista este discriminatorio tratamiento, me resisto a “condenar” a Ana Mato y, mucho menos, a compararla con la infanta. Intentaré explicarme.

No es lo mismo que el marido de Ana, el impresentable Jesús Sepúlveda, haya pagado, con dinero presuntamente recibido del “señor Gürtel”, fiestas infantiles, viajes y otras frivolidades que bien podía haberlas pagado de su bolsillo, sin que a ella le extrañara, que Urdangarin le regalara a su esposa un palacete de seis millones de euros sin que esta preguntara ¿de dónde sacas tanto como gastas?

Ana Mato, por su parte, sí que ha podido preguntarle a Jesús Sepúlveda ¿no te da vergüenza que alguien pagara el cumpleaños de nuestra hija, el viaje de la criada o el de tu familia a Irlanda? ¡Porca miseria!

Por todo ello, lo de la infanta indigna; lo de Ana, entristece y avergüenza.

No hay duda que Cristina tiene que ser imputada mientras Ana bastante tiene con el calvario que está viviendo por culpa de haberse casado con un miserable a quien el PP no ha podido mantener ni un día más en la nómina de Génova a pesar de lo que pensaban María Dolores Cospedal y el incompetente Floriano.

¿Cómo no se iba ella a beneficiar de los dineros que el marido recibía si seguía legalmente casada con él? El quid de la cuestión es si sabía su procedencia. De todas formas, alguien recordaba esta semana que “ha habido momentos de su vida conyugal en los que Ana ha estado muy jodida”, mientras, la infanta ha vivido, en su palacete de Pedralbes, como una reina. No solo sigue reinando en el sino que celebró el embargo acudiendo a cenar , junto a su marido, a “Via Veneto”, el más lujoso y caro restaurante de Barcelona, la ciudad de sus amores y sus dolores.

Devolvamos a esta cena su auténtico significado de burla frívola y mundana. Al menos, por una noche, intentaron quitarse el sentimiento de ser culpables.