La tía Henar y las fotos de Letizia

Hace unos días sonó mi móvil. Una voz de hombre, que se identificó con nombre y apellido que no me decían nada, deseaba le orientaba dónde vender las fotografías de la primera boda de Letizia con Alonso Guerrero, en la localidad extremeña de Almendralejo. Pensaba en Hola. Por lealtad al medio en el que colaboro, le aconsejé se las ofreciera a Telecinco. Para ello, le facilité un nombre y un teléfono.

Pero no quería dar la cara. Búsquese un amigo, le aconsejé. Parece que tal hizo pero, por el resultado, se equivocó.

Una cámara oculta, durante las conversaciones con los posibles compradores, descubrió se trataba de una persona que había aparecido, en alguna fiesta, si no con, si cerca de Henar Ortiz, tía de Letizia, una mujer no muy afortunada que vive en permanente crisis económica.

Los negocios que ha emprendido no solo han sido siempre un fracaso sino un problema para su madre y su hermano Jesús Ortiz, padre de Letizia, que por ayudarle, acabaron imputados, como ella.

¿Intentaba Henar vender, a través de personas interpuestas, las fotografías de la boda de su sobrina? No solo lo niega sino que no existen pruebas de ello. Suponerlo, aunque solo fuera por indicios, creaba mucho morbo. De ser ella, no comete ningún delito aunque si una deslealtad familiar. No se trata de un hecho escandaloso, oculto, negativo, en la biografía de la consorte principesca sino de un matrimonio fracasado. Como el de muchos españoles.

Un ridículo y excesivo celo de la Casa Real por proteger el pasado de Letizia, llevó a tomar medidas y a aconsejar, no que se retiraran, como se ha dicho, las imágenes de aquel matrimonio sino que no se utilizaran ni mercaran con ellas.

El vendedor, intermediario o persona interpuesta debió pensar que aquellas fotografías eran una bomba, que valían millones y pidió por ellas… ¡¡seiscientos mil euros!! La avaricia del vendedor hizo fracasar la operación, impidiendo, a quien sea el propietario de las fotografías, recibir un dinero que mucha falta debe hacerle si se trata de Henar que nadie ha podido probar. Pero de ser ella, Letizia no se lo perdonará, pienso yo. De todas formas, la relación familiar estaba ya rota desde hace tiempo.

La veda sobre el pasado de Letizia ha quedado abierta. No me cabe la menor duda que no tardará en aparecer alguna que otra fotografía de la boda. Porque haberlas, haylas. Los setenta invitados de aquel día se fotografiaron con los novios. Como suele ser habitual. Yo que Letizia me anticiparía, impidiendo con ello que se negociara con un hecho de su vida que, desgraciadamente, no tuvo un happy end… Mejor diría yo que, gracias a esa “desgracia”, pudo encontrar al príncipe de sus sueños. Un príncipe de carne y hueso que la convertirá, si es que para entonces existe la monarquía, en reina consorte y sucesora inmediata de su suegra, la sufridora reina Sofía.