De Franco a Chávez

Con fecha 22 de octubre de 1984, se ponía a la venta en toda España el número 3 de ‘La Revista’ , la nueva publicación del grupo Zeta, cuyo presidente, Antonio Asensio, me había encomendado lanzar y dirigir, tras mi salida de Hola. En la portada, un tema que conmocionaría a todo el mundo: la gran exclusiva con las fotografías de la agonía de Franco, el auténtico. “Un documento gráfico de excepcional valor histórico”, como podía leerse, en grandes titulares, sobre la imagen terrible, dramática y estremecedora de la figurilla del general, atrozmente desgastada por el sufrimiento, tendido patéticamente, a punto de convertirse en una pieza más de una estructura mecánica, enganchado, como una cobaya humana, a un respirador, un electro encefalograma, una máquina de hemodiálisis y otra de control remoto de temperatura, pulso y respiración, tubos de transfusión de sangre, electrodos, aparatos de presión arterial y venosa, una sonda balón esófago-gástrico, otra sonda intra abdominal, drenajes y ventosas.

Las fotos eran un ejemplo terrible de lo que se puede hacer con un hombre, conservándole, gracias a la tecnología, hasta el último espasmo vegetativo.

Estas imágenes también demostraban que el general “acabó convertido en la terminal de una computadora, en una pieza de un complejo mecanismo industrial e instrumentalizado hasta la barbarie”, según el ilustre periodista Cándido.

“Como usted puede ver en estas fotografías, Su Excelencia murió como un perro al que se le habían hecho toda clase de perrerías. Yo quiero que se sepa lo que reflejan estas imágenes”, me explicó el colaborador de Franco que me las vendió, queriendo justificarse.

El autor fue el marqués de Villaverde quien las hizo, pienso, no por interés científico. En esos casos, solo se fotografía el campo operatorio pero el yerno bien se preocupó de que se viera en las fotografías toda la parafernalia que rodeaba la agonía y muerte de Su Excelencia. Hasta las enfermeras, que eran las suyas, aparecían posando ante el pobre caudillo sin respeto ni asepsia.

No me cabía la menor duda que aquello era una exclusiva excepcional. Toda una bomba que yo iba a publicar aunque estallara haciéndome en mil pedazos. Y claro que estalló y de que manera. Todo dios me criticó, incluido el periódico y la emisora del grupo Prisa. También Felipe González. Fue el principio del fin de ‘La Revista’. Pero yo volvería a publicarlas. Demostraban hasta qué punto había sido utilizada la agonía de un hombre por fines políticos. En este caso, la reelección del Presidente de Las Cortes que, con Franco vivo, estaba garantizada. A ver quién tenía cojones de no votarle.

¿Se está manteniendo vivo al presidente Chávez, el auténtico y no el que aparece en la fotografía de la primera de El País, también por motivos políticos? Pienso que su situación física debe ser parecida a la que se ha publicado. No hace muchos días se supo que de la hija mayor del presidente venezolano, como en su día, la del general Franco, marquesa de Villaverde, dependía seguir vivo. Se habló y se especuló entonces que era ella quien tenía que autorizar el desenganchar esas terminales que solo sirven para prolongar, innecesariamente, como en caso de Franco un proceso irreversible de desesperanza, por razones políticas, identificadas con sentimientos patrióticos. Como en el caso del general, nadie sabe en realidad lo que está pasando en esa habitación del hospital, de la que no ha salido ni una sola imagen …. todavía. Para ello, sería necesario la existencia de un yerno con la falta de escrúpulo que tenía el doctor Martínez Bordiú, el marqués de Villaverde, a quien yo le estropeé el negocio de aquellas fotografías que él realizó, cuando su suegro agonizaba,  y que un colaborador de Franco, también sin muchos escrúpulos,  me vendió.