Hermida en estado puro

Ignoro si fue don Juan Carlos, Rafael Spottorno o Javier Ayuso, lo mismo da, quien eligió al querido Jesús Hermida para que entrevistara a Su Majestad el rey, el pasado viernes. Quien lo hizo, acertó plenamente y le felicito.

En una profesión tan cainita, insolidaria, tan envidiosa y nada corporativa, como es el periodismo, de haber elegido otro entrevistador, la polémica, por agravio comparativo, hubiera estado servida.

No olvidemos lo que se originó cuando el príncipe Felipe concedió una entrevista a El País para el suplemento dominical, aunque se enmascaró como un reportaje.

De todas formas, habrá quien piense ser merecedor de tal honor profesional porque crea reunir, aunque sólo sea por los servicios prestados de una forma muy cortesana a Su Majestad, méritos para ello.

En esta ocasión, el afortunado ha sido un periodista, no independiente sino, digamos, que jubilado y retirado. Conozco a Hermida desde hace más de cincuenta años. No sólo porque cursamos estudios en la Escuela Oficial de Periodismo, la única existente entonces en España, junto con la de Barcelona, sino por haber coincidido en mil batallas periodísticas. Él, en La Actualidad Española y este columnista en la agencia Europa Press. Le quiero y le admiro por su trayectoria y porque ha tenido el valor de retirarse, manteniendo su nombre y su prestigio a pesar del tiempo transcurrido.

Me duele que hoy le critiquen por el contenido de la entrevista, conversación sería más correcto, con don Juan Carlos. ¡Vaya usted a saber lo que se le permitió! Al parecer, el cuestionario contenía más de cuarenta preguntas. Rafael Spottorno, como Jefe de la Casa y Javier Ayuso, responsable de Comunicación de La Zarzuela, lo dejaron reducido a veinte, exactamente a la mitad.

Nada de Urdangarin, el hombre que más daño ha hecho a la monarquía, a la Familia Real, al rey y a su heredero; tampoco de la crisis de Botsuana ni de la reina ni de la nuera ni de los dineros. Tal vez por ello, decepcionó. El personal esperaba mucho más.

Pero a este periodista lo que le decepcionó no fueron las preguntas ni las respuestas, algunas inducidas por Hermida, sino la actitud del entrevistador. Algo servil y cortesana.

De las veinte veces que preguntó, siete se dirigió al rey  empleando “Vuestra Majestad”; cinco “Majestad”. Con “Señor”, que solo utilizó cuatro veces, hubiera bastado. Para mí hubiera sido lo correcto.

Jesús fue el protagonista. Incluso haciendo preguntas mucho más largas que las respuestas. Por lo demás, fue como el túnel del tiempo: Hermida en estado puro.