El rey de los belgas sí le echó cojones

Alberto II de los belgas es un rey constitucional. Como tal, consciente de que, cuando habla, tiene que medir sus palabras ya que es soberano de un país dividido por dos comunidades enfrentadas desde siempre: valones y flamencos. Esto no le ha impedido, a diferencia de don Juan Carlos, tan constitucional como él, coger el toro por los cuernos y, sin eufemismos ni paños calientes, como ha hecho el rey de España, echarle cojones, en el mensaje navideño, para fustigar abiertamente el nacionalismo, el independentismo y hasta el populismo.

“En estos tiempos agitados, en los que vivimos, debemos estar alerta y mostrarnos lúcidos frente a los discursos populistas… ya hemos visto el mal que han causado a nuestras democracias”.

El sucesor del inolvidable rey Balduino, tan polémico desde antes de acceder al trono, en las trágicas circunstancias de la muerte repentina de su hermano, en la localidad granadina de Motril, no es la primera vez que sorprende a los ciudadanos en la Nochebuena.

Hace cuatro años, aprovechó el momento navideño para comunicar a los belgas que tenía una hija nacida fuera de su matrimonio con Paola, la reina consorte.

La joven “bastarda” (este término ha sido reivindicado por el inefable Leandro de Borbón, el bastardo real español) había nacido de la relación de Alberto, cuando era príncipe de Lieja. En aquella época, tanto él como su esposa competían en mutuas infidelidades. Ella con el cantante Adamo, un fotógrafo de Paris Match y hasta con un empresario italiano, presunto padre del hijo más pequeño de la bellísima princesa venida del sol.

El entonces heredero también con varias amantes, entre ellas la baronesa belga Sybille de Selys Longchamps, de cuya relación nació Delphine Boel, una hija que el rey ha tardado en reconocer. Pero tuvo el valor y la honestidad de hacerlo públicamente. Como ahora su preocupación por temas que, al abordarlos en su mensaje navideño, tal parecía que hablaba de España y de los españoles.

Me hubiera gustado oír a don Juan Carlos las mismas palabras que las pronunciadas por Alberto II de los belgas y no el descafeinado y “decepcionante discurso de 1.086 palabras que dijo todo y nada, un huero dispendio”, según Miguel Ángel Mellado en “El Mundo” que echó en falta al rey de “por qué no te callas” y al de “me equivoqué y pido perdón”.

Posiblemente se olvidó que, por encima de rey, es el Jefe del Estado español incluida Cataluña. Como su colega Alberto lo es de flamencos y valones.