Hace treinta años

Aquella primera entrevista de Felipe González en el Hola

Si Adolfo Suárez necesitó el Hola para ganarse al electorado femenino y devolver a su vida la imagen de felicidad familiar, Felipe González utilizó a la revista para despejar las reservas de un gran número de españoles sobre su persona.

Si el PSOE era todavía de ideología marxistas ¿lo era también su secretario general elegido presidente del Gobierno, el 2 de diciembre de 1982? El traje de pana, las botas, el sincorbatismo, y una serie de elementos exteriores ponían sobre él una nube de dudas, sospechas y hasta inquietudes a despejar. Nada mejor que ese “Boletín Oficial Español”, el Hola, que tan buenos resultados le había dado a Adolfo Suárez con aquellos cientos de miles de votos conseguidos con el reportaje – entrevista que este periodista le hizo y que actuó de rayo clarificador.

Cierto es que Felipe González no apareció en Hola durante la campaña electoral, como su antecesor. Simple y sencillamente porque la revista, tan conservadora ella, no le daba cancha a un candidato tan “rojo”.

Pero, ese 2 de diciembre, era investido como presidente de todos los españoles y Hola, que siempre estaba con la legalidad, no desperdició la ocasión.

Y, como había sucedido con Suárez, este periodista consiguió la primera entrevista que, el nuevo inquilino de La Moncloa, concedía, ante la sorpresa y cabreo de la profesión. No entendían fuera a una publicación del corazón y a un profesional como Jaime Peñafiel tan significado en temas de la realeza. Pero sus motivos tenía.

El reportaje mereció los honores de la portada, en un número “emblemático”, como se dice hoy, el 2000 que, además, era extra de Navidad.

Releyendo aquella primera de González en Hola, puede advertirse el deterioro que el tiempo ejerce sobre las palabras, las ideas y las intenciones. A veces, es muy peligroso hablar cuando uno está borracho de éxito. ¡Ese triunfalismo! ¡Esa declaración de buenas intenciones! ¡Esas promesas que, ni soñando, podrán nunca cumplirse!

Algunas de las frases de esa entrevista, publicada el 25 de diciembre de 1982, merecen ser recordadas. Muchas no necesitan ni comentario. Se comentan solas. Simple y sencillamente porque leyéndolas hoy, se llega a la conclusión que no debieron haberse pronunciado nunca.

“Debo decir que encontrarme en La Moncloa es una sensación relativamente extraña. Por origen es difícil adaptarse a una casa que tiene aires de palacio”.

(Sobre todo porque el salto desde la modesta casa de Pez Volador a La Moncloa se produjo sin haber pasado, previamente, por la residencia oficial de un ministro ni tan siquiera por un despacho ministerial).

“Me estoy planteando la necesidad de trabajar fuera de este emplazamiento en el que estamos. No creo sea un buen sitio. Hay que buscar uno distinto. Creo lo voy a conseguir rápidamente. Entonces será más una casa para vivir y, por lo tanto, tendrá un poco más carácter de intimidad”.

(Lo mismo pensaba Adolfo Suárez aunque sus primeros pasos como presidente fueron en el paseo de la Castellana, por exigencias de seguridad tuvo que aceptar vivir en La Moncloa).

“Con respecto a que he dejado de ponerme la chaqueta de pana, es un cambio lógico en el atuendo, como muestra de respeto a las instituciones pero que, desde luego, no me separa de mis orígenes ni de mi manera de ser”.

“Yo he vivido y me he criado en un barrio de Sevilla y me gustaría que aquellos conciudadanos míos de este barrio y por extensión tantos millones de ciudadanos que viven en condiciones semejantes, sepan que yo estoy pensando en ellos y me estoy acordando de ellos, de sus angustias, sobre todo de las angustias económicas y de las angustias que plantea una situación de crisis como la que vivimos”.

“Voy a mantener siempre a mis amistades. Las amistades de siempre”.

(Cuando se tiene un cargo como el que tuvo Felipe González o como el del Rey, uno está condenado a no tener amigos. Ni siquiera los de siempre).

“No soy una persona que tenga muchas necesidades. Creo que voy a seguir siendo una persona con pocas necesidades. Siempre he hecho una vida bastante austera que seguiré haciendo”.

(Los epicúreos, sin duda alguna Felipe González lo era y lo es, entendían que la necesidad es un mal y no hay ninguna necesidad de vivir bajo el imperio de la necesidad).

“Siempre me han dicho que tenía poca ambición de poder político. Creo que los que decían eso, tenían razón. No hay una gran complacencia por mi parte en decir que he llegado a ser presidente del Gobierno por haber cubierto ambiciones políticas”.

(Según Aretino “la ambición es el estercolero de la gloria y del poder”. “Dad todo el poder al hombre más virtuoso que exista y pronto le veréis cambiar de actitud”, decía Herodoto. Y Platón: “La mayoría de los hombres se vuelven malos en el poder”).

“Intentaré siempre dar la cara y no camuflarme con ningún tipo de explicaciones subterráneas. Estoy convencido que a los ciudadanos hay que explicarles las cosas con sinceridad, incluso las cosas que resultan, a veces, dolorosas y brutales. Voy a seguir en la línea de decir las cosas como las pienso, aunque sean dolorosas”.

“Creo que hay que huir de lo arrogancia y de los aduladores”.

(No hay que despreciar a los aduladores ni huir de ellos. Sólo intentar ser tal y como ellos dicen que eres).

Palabras, palabras y más palabras. Nunca se desconfía bastante de las palabras.