La boda del morbo

Quinientos mil euros dicen que la revista Hola ha pagado por la exclusiva de la boda ¡por fin! de Julio José, hijo de Julio Iglesias e Isabel Preysler.

Se trata de la boda del morbo, sobre todo por las presencias y las ausencias. De ello ha dependido la cantidad que los novios hayan podido cobrar.

En este tipo de exclusivas, lo de menos son los contrayentes. Lo que se valora son los invitados. En la época en la que yo me dedicaba a este vergonzoso mercadeo, siempre preguntaba: ¿quiénes van a asistir?, ¿qué personajes van a estar?

En esta ocasión, no habría valido lo mismo si en la ceremonia hubieran estado presentes los tres maridos de Isabel: el marqués de Griñón, segundo esposo; Miguel Boyer, el tercero y actual pero, sobre todo, Julio Iglesias, el primero y padre del novio. La fotografía de los tres con la Preysler no hubiera tenido precio. Pero Carlos Falcó, que puso su finca “El Rincón” para la celebración, tuvo la elegancia de no prestarse a participar en tal “negocio”, por lo que los 600.000 euros previstos en principio, se quedaron “tan solo” en 500.000.

Tampoco se vio a Enrique, el hijo mayor de Julio y hermano del novio. Dada la mala relación que mantiene con su padre, no solo hace años que ni se hablan sino que, recientemente, renunció a la herencia que pudiera corresponderle. El reencuentro de los dos hubiera tenido tanta morbosidad como la de Isabel con los tres hombres de su apasionada y apasionante vida.

A Julio José no debía extrañarle esta ausencia. Tampoco su padre asistió a la de Carlos, su hermano. Prefirió quedarse con sus chicas, se quejaba éste.

Aunque se había especulado que el cantante acudiría a la ceremonia en compañía de su actual esposa, Miranda, y sus cinco hijos, no lo hicieron. Habría sido otro morbo añadido a la fotografía de Isabel y Julio con todos los hijos juntos: los tres habidos en el matrimonio de ambos (Enrique, Chabeli que asistió a la boda con su marido Christian Altaba y Julio José); los cinco de Julito con Miranda (Miguel Alejandro, Rodrigo, Victoria, Cristina y Guillermo) y los dos de Isabel (Tamara de Griñón y Ana de Boyer). ¡Menuda foto!

Yo, que conozco muy bien a Julio, no en balde fue mi padrino de boda, estoy seguro que no le habrá gustado ni mucho ni poco ni nada el negocio que su hijo ha hecho del acontecimiento más importante de su ociosa vida. Precedentes hay: la primera boda de Chabeli con Bofill. Le desagradó profundamente verse implicado en una exclusiva en la que se puso precio a su asistencia, con la que la niña cobraba más. Él, que nunca ha recibido un euro por sus exclusivas. Ni tan siquiera en su matrimonio con Miranda en el 2010.

A esta cifra mareante que ni Julio José, a sus 39 años, ni Charise Verhaert, a sus 30, han cobrado ni cobrarán nunca por su “trabajo” como “cantante”, uno y como “modelo”, la otra, hay que añadir un pack por el viaje de novios, el embarazo, el parto y la primera mamancia de otro nieto de la Preysler, quien también rentabiliza su papel de abuela, la abuela más famosa de España.

No hay duda que la vida de Isabel es una caja registradora extensiva, ahora, a sus hijos, a los habidos con Julio, con Griñón y con Boyer.

El personal espera impaciente la salida del Hola con la mayoría de las páginas dedicadas al evento, tal si se tratara de una boda real. No hay que olvidar que quien se ha casado ha sido el hijo de la reina de corazones.

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