Los bastardos españoles

Aunque la palabra bastardo resulte agresiva, hiriente e insultante para quien la escucha ó lee, no lo es tanto si se aplica a la realeza.

Según Leandro Alfonso de Borbón, el término bastardo es, algo así, como una seña de identidad aplicable, tan solo, a hijo de rey nacido fuera de su matrimonio.

Como tal, el 21 de mayo del 2003, don José María Bento Company, magistrado encargado del Registro Civil Único de Madrid, hacía constar que “Leandro Alfonso Ruiz Moragas es hijo de Su Majestad don Alfonso de Borbón y Austria y que, conforme al artículo 55 de la Ley de Registro Civil, el inscrito ostentará, en lo sucesivo, los apellidos de Borbón Ruiz”.

Ese día se culminaba toda una vida de lucha del buenazo de Leandro en pos del reconocimiento de su verdadera personalidad jurídica como bastardo real.

Esto pretenden hoy Alberto Solé e Ingrid Sartiau, quienes pretenden, en dicha resolución, que declare que son hijo e hija , por vía consanguínea de don Juan Carlos de Borbón y Borbón. Ambos han afirmado que “una prueba de ADN realizada en Bélgica ha dado como resultado que son hermanos al 98%”.

Los Juzgados de Primera Instancia de Madrid, nº 19 y 90, especializados en procesos de familia, no han admitido a trámite sendas demandas de paternidad. Pienso que sus razones tendrán.

De todas formas, el asunto no es nuevo. Desde hace años, este columnista vienen dándole la ‘barrila’ sobre el presunto hijo bastardo del rey de España. Sobre la hija no tenía noticia. ¿Verdad o mentira? Esto, a lo peor, ni don Juan Carlos lo sabe.

Lo que sí es cierto es que el soberano español, en este terreno, ha tenido mucha suerte, a diferencia de su abuelo Alfonso XIII que llenó de bastardos Madrid. Ninguna de las mujeres que han tenido relaciones extra conyugales con el, y han sido unas cuantas, le han tendido ninguna trampa. Pudiendo haberlo hecho. “Si yo hubiese querido …”, me reconoció una muy famosa artista española.

Desconozco la legislación que, sobre “bastardos” existe en países como Holanda  y Bélgica donde, el actual rey Alberto de los belgas y el príncipe consorte de la reina Juliana de los Países Bajos, reconocieron motu proprio ser padres de bastardos.

El soberano belga lo hizo, públicamente, en el tradicional mensaje navideño de 1999, anunciando al país que tenía una hija bastarda, Delphine, nacida hacía 34 años de su relación adúltera con la baronesa belga Sybille de Selys Longchamps.

El príncipe Bernardo, ya muerta la reina, desveló, en una entrevista a un periodista holandés, que tenía no una hija sino dos, nacidas fuera de su matrimonio. Una de ellas fue, incluso, autorizada a visitar a su padre antes de morir con permiso de la propia reina Beatriz, su real hermanastra.

Cierto es que en estos dos casos los hijos bastardos han sido reconocidos pública y voluntariamente. En España, de existir hijos bastardos, nada impediría al rey reconocerlos. Pero, obligarle con demandas no solo pierden el tiempo sino que es imposible. El artículo 56.3 de la Constitución deja bien claro que “la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”.

No una sino dos magistradas han rechazada la admisión a trámite de sendas demandas ante “la imposibilidad no solo de exigir responsabilidad penal sino también de dirigir contra el monarca acción alguna ante la jurisdicción civil”.

Yo pensaba que la irresponsabilidad del rey ante la justicia se refería solo a lo penal. Nunca a pleitos relacionados con el Derecho de Familia. Este y otros temas , como el de la discriminación de la mujer en el acceso al trono, deberían ser eliminados en una reforma de la Constitución que nadie se atreve a tocar. ¿No somos todos iguales ante la Ley en palabras del propio rey?

Ya que hablamos de la ley, actualmente y según la ley ya no existen hijos ilegítimos ni bastardos. “No se tiene por qué denigrar a los que hemos nacido fuera del matrimonio. Existimos con todos nuestros derechos”, dice Leandro Alfonso de Borbón. Es mucho decir.

Verdad o mentira, sobre los presuntos bastardos de don Juan Carlos, “la bastardía ha sido la tónica en el lujurioso linaje de los Borbones”, según el escritor José María Zavala, autor de “Bastardos y Borbones. Los hijos secretos de la dinastía”.