Las cuentas de la boda: Un euro por habitante

En mayo de 2004 tuvo lugar la boda del príncipe Felipe con la joven periodista Letizia Ortiz Rocasolano. Se trataba del matrimonio del heredero de la monarquía española y la primera de un príncipe de Asturias en más de cien años.

Con tal motivo, se decidió tirar la casa por la ventana, sin límites económicos. Se puso a disposición de La Zarzuela todo el dinero necesario para el evento que reunió, en Madrid, a la totalidad de las casas reales del mundo entero, representadas al máximo nivel. Aunque la capital de España, y España entera se encontraban de luto por el mayor atentado de la historia, ocurrido hacía tan solo tres meses, la ciudad se engalanó como si nada hubiera pasado.

La decoración de calles y plazas se encargó a uno de los profesionales más famosos y caros: Pascua Ortega. El patio del palacio real se cubrió para el banquete, servido por el mejor y más mediático cocinero del mundo: Ferrá Adriá. Y los más lujosos hoteles, como el Ritz, el Palace y el Villamagna, fueron reservados para los invitados. ¡Pagaba el Estado! ¡Pagaban los españoles!

Han pasado nueve años y todavía no se sabe lo que costó la boda del príncipe. Se hizo sin presupuesto. Y muy claras no debieron ser las cuentas porque, poco después, era cesado, ignoro si por ello o por otras razones, el que entonces era responsable de Patrimonio.

Esta semana se ha celebrado en Luxemburgo la del último heredero de una de las diez monarquías europeas que todavía permanecía soltero, el príncipe Guillermo, y que ha congregado en la capital del pequeño y riquísimo estado de la Unión Europea a todos los herederos, entre ellos el príncipe Felipe y su esposa Letizia que, como es habitual de ella, pretendió y consiguió ser la que más.

Pero, a diferencia de los españoles con la boda del príncipe de Asturias, los luxemburgueses conocieron de antemano el presupuesto aprobado para la de su heredero: 500.000 euros. Lo que suponía que cada habitante del gran ducado contribuía con un euro a los gastos de la boda. Se ha originado un gran escándalo. La Casa Real tuvo que salir al paso de la polémica, justificando que dicha cantidad no era excesiva, ya que el acontecimiento suponía una gran promoción para el país, como si éste lo necesitara.

Muchas más claras fueron las cuentas de la boda del heredero Federico de Dinamarca con Mary Donaldson, celebrada tres meses antes que la de Felipe. Cuarenta y ocho horas después, se hacía público lo que había costado el casorio real. En el desglosado se incluía, incluso, los jornales devengados y no trabajados de los funcionarios, a los que se dio fiesta ese día. Más transparencia, imposible. También se supo lo que costó la del príncipe Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton. Los gastos fueron sufragados por la propia Casa Real.