Primer aniversario: yo aposté por esta boda

Nadie, lo que se dice absolutamente nadie, apostaba por el matrimonio. Salvo este columnista. No solo creí en los sentimientos de Alfonso Díez sino en el enamoramiento de Cayetana, mi querida duquesa.

Nunca olvidaré el día que me telefoneó llorando y pidiendo la llevara a Londres para poderse casar con el hombre de quien se había enamorado con la oposición de todos los hijos. Era lógico. Mamá tenía ya 86 años. El ¿quién es el? 56.

Esta semana se ha cumplido el primer aniversario de la boda. Solo un año. Pero, quienes le criticaban y tenían ya puesta fecha de caducidad a esta relación, se han rendido a la evidencia, aceptando que se trata de un gran amor. Incluso quienes descalificaban al novio con insultos de juzgado de guardia. Estos, dicen hoy, que se trata de todo un caballero y que se parece, incluso, a… Gary Cooper. Tampoco es eso.

Alfonso Díez es un buen tipo, en todos los aspectos, que se enamoró, hace ya muchos años, de un mito. Y, como “los mitos no envejecen” en propias palabras, no solo sigue enamorado sino que la convivencia ha consolidado los sentimientos.

Hasta Cayetano, uno de los hijos de la duquesa que más le criticó e insultó, dice hoy que es un hombre entrañable. Alfonso Díez, el duque consorte de Alba que no quiere ser, se ha ganado, incluso, el respeto de todos los hijos. Hasta el extremo de poder hacer suyas las palabras de Jesús Aguirre cuando se casó con Cayetana: “sé que no gusto pero acabaré gustando”.

Los que pensaban se trataba de un caza dotes se equivocaron. Alfonso nunca fue en busca de la duquesa. Simple y sencillamente se encontraron, en la puerta de un cine de Madrid, cuando ya hacía varios años que Jesús había fallecido y Cayetana era viuda.

El cine, al que tan aficionados son los dos, les unió. Por ello, esta historia de amor es como de película. Sus protagonistas: una mujer con más títulos que la reina de Inglaterra y un modesto funcionario sin más bienes que un sueldo de poco más de 2.000 euros.

Para despejar toda sospecha, Alfonso Díez no solo renunció ante notario a cualquier bien que, legalmente, pudiera corresponderle a la muerte de su esposa (por ley de vida puede suceder) sino que también le pidió a Cayetana testara en vida, repartiendo todos sus cuantiosos bienes entre los hijos. Mayor prueba de amor… imposible. Por parte de los dos.

Coincidiendo con este primer aniversario y como demostración de todo lo dicho, Alfonso ha debutado esta semana como crítico o comentarista de cine en el ABC. Con éxito. Se desconoce cuánto le pagará el periódico por el lujo de tenerle entre sus firmas, aunque él se niega a hacerlo como duque de Alba. Lo hace como Alfonso Díez, lo que es.