Los cuarenta años de Letizia

Ovidio decía (perdón por la cita) que los años nos llegan sin ruido. En unas personas más que en otras. Algunas prefieren no ya celebrar ni tan siquiera recordar. Tal sucedió hace poco, no con el cumpleaños, sino con el aniversario de boda de don Juan Carlos y doña Sofía que pasó con mucha pena para ella y ninguna gloria.

Por el contrario, el 40 cumpleaños de Letizia se ha aprovechado por la Casa Real no para celebrarlo, el país no está para celebraciones ni la Familia Real tampoco, pero sí para promocionar la imagen de la consorte, ofreciendo a la prensa una colección de imágenes, un tanto cúrsiles algunas, realizadas por una fotógrafo muy intelectual Cristina García Rodero, que convirtió la sesión fotográfica en un reportaje al estilo de Hola.

El conde de Barcelona decía que una reina no podía tener pasado porque el pasado siempre era presente. Y por aquello de que el pasado de Letizia es apasionado y apasionante, no se ha escrito todavía su biografía. Pero todo el mundo sabe que el 15 de septiembre de 1972, Paloma Rocasolano, una enfermera sindicalista de izquierdas, esposa de Jesús Ortiz, un modesto técnico de radio, daba a luz a las 6,30 de la mañana en una clínica de Oviedo, a una niña llamada a suceder un día, si es que tal día llega, a la reina doña Sofía.

La bautizaron con el nombre de Letizia, con z, un nombre italiano que su madre escogió de la mitología. Dicen que se trata de una diosa latina de la alegría y el placer.

A cientos de kilómetros, vivía un niño, el príncipe Felipe, que contaba casi cuatro años de edad, hijo, nieto y biznieto de reyes y emperadores. Dos vidas tan distintas y tan distantes que difícilmente parecían poder encontrarse.

A lo peor, la virulenta agitación política y social, en la que se desarrolló la adolescencia de la niña, con graves problemas en el sector de la minería (en 1972, su año de nacimiento, fallecerían cinco mineros por una explosión de grisú, años después 26 atrapados en las minas de HUNOSA y otro minero muerto en un pozo de Mieres) pudo influir en su vida. Y por supuesto su madre, mujer de izquierdas.

En el mismo año de su nacimiento, se casan la infanta Margarita, hija menor de los condes de Barcelona, con el doctor Carlos Zurita y Alfonso de Borbón Dampierre con la nietísima del general Franco, Maria del Carmen Martínez Bordiú.

Los veranos de Letizia en aquellos años de adolescencia los repartía entre su abuela paterna, Menchu Alvarez del Valle, en Asturias, pero, sobre todo con su abuelo Paco Rocasolano, el taxista y comunista en la clandestinidad, en su apartamento de Benidorm. Eran los veranos de cualquier niña de clase modesta.

La biografía de Letizia sobre la que está “prohibida” bucear, solo desde 2003, cuando se casa con el príncipe, es la de una chica independiente desde muy joven y  con mucho carácter,  que se enamora de Alonso Guerrero, su profesor en el instituto Ramiro de Maeztu, diez años mayor que ella, y con quien acaba  casándose después de convivir como pareja. Cuando conoce al príncipe Felipe ya no solo es una mujer divorciada sino a punto  de casarse con un compañero de trabajo en la televisión.

Letizia es de las pocas mujeres en el mundo que, desde su origen modesto, se ha convertido en princesa por matrimonio aunque confió, la muy hipócrita,  a doña Sofía que ella hubiera preferido hacerlo con el comandante Borbón. Aunque lo haya dicho la reina, no deja de ser una real tontería que no se cree nadie.

La mujer que hoy cumple cuarenta años no solo está contenta y feliz con ser quien es sino también por ser madre de dos niñas. A la primogénita ya se le considera la heredera del heredero cuando habrán de pasar todavía cuarenta ó cincuenta años para ser titular de la corona. Letizia sólo será la consorte, como doña Sofía, aunque a veces se comporta como si fuese la titular del Principado de Asturias.

Quien iba a decir que la hija de una sindicalista y nieta de un taxista se convertiría  en quien hoy es.

Desde aquí, sinceramente, le deseo toda la felicidad del mundo. Que la tiene.