De Archidona a Los Yébenes

De lo acontecido esta semana en el toledano pueblo de los Yébenes, con el instante luminoso del clímax en la petite mort de la concejala, a lo sucedido en 1972 en el malagueño de Archidona, con la insólita y gloriosa hazaña del cipote de un mozo de dicho pueblo, no ha pasado tanto tiempo. Si el suficiente para demostrar, por un lado, que España sigue siendo un país onanista y, por otro, que los practicantes de hoy no se avergüenzan de serlo. Hasta una monja ha escrito un libro sobre la sexualidad femenina, recomendando la masturbación.

Pero, lo más importante, es que la opinión pública y mediática se abstiene de criticar a Olvido, “la del video”, porque el WhatsApp furtivo de la protagonista es un acto que pertenece a su intimidad y hacerlo no es políticamente correcto. Y difundirlo una canallada.

A pesar de ello, seríamos hipócritas si no reconociéramos que imprudente sí que fue la señora y “la imprudencia suele conducir a la calamidad”, como reconoce mi tocayo Jaime González.

Lo que si hay que reconocer es que entre el cipote de Archidona y el alegre clítoris de la concejala existe una gran diferencia. No en el tema (de masturbación ó pajas se trata en ambos casos) sino de la suerte de sus protagonistas.

Mientras la pareja que practicaba el sexo manual en un cine del pueblo malagueño se convertía en un precedente de Clinton y la Levinsky, con parecidos resultados, no en el vestido de la novia sino en la cabeza de unos espectadores, tuvieron que abandonar, vergonzosamente corridos Archidona, cuan Adán y Eva al paraíso, la concejala toledana ofrecía una rueda de prensa.

Nunca se habían visto más cámaras de televisión y más reporteros en el pueblo. Olvido “la del vídeo” lucía para la ocasión un ceñido, escotado y minifaldero vestido, demostrando que bajo su dulzura carnal había la permanencia de un peligro. A lo mejor, estaba viviendo sus quince minutos de gloria. A lo peor, a lo hecho, pecho aunque olvidando que las auténticas víctimas del video erótico de mamá son los hijos y de la profesora que es, sus alumnos ¿El marido, destinatario del regalo sexual? Eso solamente ella lo sabe. Veremos si acaba en “Interviú” o en “Sálvame” (Miguel Mellado dixit).

Qué pena no viva Camilo José Cela. No me cabe la menor duda que convertiría “el dedito” de la concejala de los Yébenes en un éxito editorial como el del cipote de Archidona. Y qué pena no viva también Berlanga para llevar al cine la historia de la petite mort de Olvido, la del desvergonzado aunque íntimo vídeo de consumo casero, y que ha acabado en el disfrute de un pueblo entero.

A lo peor tendremos que darle la razón al desaparecido Pepe Rubianes cuando dijo aquello de la puta España.