“¡Déjame hablar a mí!”

¡Genio y figura! Pero, sobre todo, genio. No se de qué nos asombramos. Ella nunca engañó. Desde el primer momento que entró en la Familia Real, aquel 6 de noviembre del 2003, en el palacio de El Pardo, dejó bien claro como era.  “¡Déjame hablar a mi!”, fue su tarjeta de presentación.

Después de los años transcurridos, varias han sido las veces que Letizia ha exigido su derecho no sólo a hablar sino a interrumpir a su marido, el príncipe Felipe (“¡Si te paras a hablar con cualquiera no nos vamos nunca!”) y a la mismísima reina. Con el rey, todavía no se ha atrevido. Tiempo al tiempo.

Lo sucedido el pasado domingo en el pabellón North Greenwich Arena, en la Ciudad Olímpica de Londres, donde se disputó la final de baloncesto entre las selecciones de España y Estados Unidos, nos recordó su actuación en Johannesburgo, tras el triunfo de la Roja en el Campeonato Mundial de Fútbol en el 2010.

Entonces no le importó quitarle la palabra a doña Sofía, cuando, a invitación de un redactor, hablaba ante los micrófonos de la tele. Ignoro si recurrió a “déjame hablar a mi”. No fue necesario. Simplemente la interrumpió para hacerlo ella ante la sorpresa de todos.

En Londres, más de lo mismo. Una vez finalizada la entrega de medallas con los chicos todavía en el podio, los príncipes se acercaron a ellos para felicitarles. Felipe dándoles la mano; la consorte, dos besos , “uno por mejilla”, que diría su “amigo” Joaquín Sabina.

Pero , a causa de su estatura, no les alcanzaba y “optó por subirse también al podio para estar , digamos, más integrada”, según el enviado especial de El Mundo, Luis Fernando López “ó más cerca”, según el enviado de ABC y quitarle la palabra a su principesco marido. Como en Sudáfrica  a la reina, cuando a ella el reportero no le había pedido su opinión.

No hay la menor duda que no puede evitar ser la protagonista. Que siempre lo es, olvidando que ella no es la titular sino la consorte. Como doña Sofía, incapaz de quitar la palabra al rey.

Salvo en una reciente ocasión, en la que le pidió no que dejara de hablar sino que fuera terminando porque “los músicos tienen que tocar”. Es la primera y única vez que tal cosa sucedía y en público.

Don Juan Carlos, desagradablemente sorprendido por la insólita interrupción, se dirigió no a la soberana  sino a la audiencia, diciendo, con manifiesta incomodidad: “A ella le gusta la música. A mí, hablar”.

Podría haber dicho  “a la reina”. Pero también “a ésta”. ¿Estará aprendiendo doña Sofía de la nuera?

BLOG de Jaime Peñafiel:

Los Urdangarín, protegidos por una docena de escoltas, disfrutan en familia de unas felices vacaciones en el país vasco-francés como si no pasara nada cuando está pasando tanto.

El rey ha decidido disfrutar de unas tranquilas y solitarias vacaciones en La Zarzuela pero … sin la reina.

Marivent vuelve a quedarse sola, sin más presencia que la de doña Sofía y su hermana Irene.

¿Qué fue de los “griegos” a los que no se les ha vuelto a ver ni en Marivent ni en los JJOO de Londres junto a su hermana la reina Sofía?

El juez tendrá que decidir, cuan rey Salomón, con quién se queda Cayetana. Si con papá, con mamá ó con la abuela duquesa. ¿Partirla en dos?