¡Quítate las gafas!

Si el rostro es el espejo del alma, los ojos sus delatores, que dijo Cicerón. No es el rostro lo que importa sino los ojos. Si los ojos no están, no encontraremos nada en esa cara.

Posiblemente por ello, muchas personas, astutamente misteriosas, se esconden tras unas gafas para evitar que los ojos delaten el miedo que les embarga, el desprecio que sienten por su interlocutor, la ira que les domina, la tristeza que les invade y la cobardía que reflejan.

Nunca olvidaré la mirada que Letizia me dirigió, cuando pasó junto a mi, después de la ceremonia, con motivo del XXV aniversario de los Premios Príncipe de Asturias, en la que se homenajeó al astrofísico Stephen Hawking, no en el teatro Campoamor sino en el auditorio Príncipe Felipe de Oviedo.

José Luis Gutiérrez, el querido compañero recientemente desaparecido que se encontraba junto a mi, exclamó sorprendido: “Hay ojos que matan. ¡Vaya mirada que te ha dirigido!”.

Fue el último año al que se me invitó, después de haber cubierto todas las ediciones de los citados premios desde 1981. Pienso que ella tuvo algo que ver. Graciano García, director de la Fundación desde 1980 hasta 2009, bien que lo sabe.

En aquella ocasión, Letizia me miró directamente a los ojos. Sin esconder su mirada tras unas gafas de sol. Como ha hecho Isabel Pantoja. No solo entró en el juzgado escondiéndose tras las gafas sino que intentó mantenerlas puestas durante la vista del caso Malaya.

Hasta que el magistrado que presidía el tribunal, le ordenó se las quitara: “Las gafas de sol no están permitidas en la sala por motivo de seguridad”.

Más contundente que Su Señoría fue doña Sofía cuando aún se podía permitir dar órdenes a la nuera, en los primeros pasos de su andadura como consorte del Príncipe Felipe. La reina se sentía obligada a ello. No en balde había apoyado y amparado el matrimonio frente a la oposición de don Juan Carlos como Rey.

Sucedió en las primeras vacaciones estivales en Marivent. El escenario: el Club Marítimo de Palma de Mallorca, donde decenas de reporteros aguardaban la llegada. Lo hizo acompañando a doña Sofía y cubriéndose los ojos con unas gafas de sol.

En el momento en que se disponían a posar para los fotógrafos, todos los presentes pudieron oír a la reina decir: “¡Quítate las gafas!”.

Letizia, tan astutamente misteriosa, aprendió la lección y de buena o mala gana, se las quitó.

Hoy no hay ni reina ni dios capaz , no de decirle ni tan siquiera sugerirle , lo que tiene ó no que hacer. Yo diría, sin temor a equivocarme, que ni el Príncipe.

No olvidemos su tarjeta de presentación el día de la petición de mano en el Palacio de El Pardo: “¡Déjame hablar a mi!”.

Pues eso… genio y figura.