¡Desterremos las reverencias!

La reverencia de un ser humano ante otro es una norma de vieja y decadente etiqueta cortesana cuando no de humillante servidumbre, sumisión y acatamiento que no respeto.

En la corte de Tailandia hasta los generales tienen que dirigirse al rey Bhumipol de rodillas; en Japón, nadie osa mirar a los ojos del emperador Aki-Hito; en el reino de Marruecos, los ministros se ven obligados a besar la mano del rey sátrapa, Mohamed VI. Y en Arabia Saudita y otras monarquías del Golfo, te cortan la cabeza si desairas al soberano.

No hace mucho, la profesora de la universidad de Sevilla, María Teresa Otero, criticó, duramente, la reverencia femenina de doblar la rodilla ante los reyes, el príncipe, las infantas y la nieta del taxista, Letizia Ortiz Rocasolano.

La señora Otero calificó este gesto de ridículo e impropio de una sociedad democrática. Lo que tal vez desconozca la profesora sevillana es que, muchas damas se sienten felices realizando el plongeon ante Su Majestad cuando son invitadas a algún acto presidido por los reyes ó los príncipes de Asturias. Allá ellos. Allá ellas. Pero que lo hagan presidentas de las comunidades autonómicas ó ministras del Gobierno, siempre del PP, of course, es inadmisible.

Todas representan al pueblo soberano, compuesto de ciudadanos que no súbditos, por lo que el cargo no se doblega ante nadie. Cuando hacen esa ridícula y profunda reverencia obligan al pueblo a arrodillarse con ellas.

La Casa Real debería prohibir tal forma de saludo. Cierto que no es de obligado cumplimiento. El protocolo no exige, en modo alguno, que se reverencie a la Familia Real, con inclinaciones de cabeza, los caballeros, y arrodillándose las señoras. Basta con saludar mirando a los ojos.

Pero, las que se arrodillan, es porque les gusta. Se de algunas señoras amigas mías que hasta ensayan el plongeon ante el espejo.

A este columnista le sorprende que, una persona de origen tan modesto como Letizia y además joven y periodista, permita tal humillación. A lo peor es que disfruta viendo a quienes la critican arrodilladas, al igual que ella lo hace ante los reyes.

Siempre pensé que esta chica iba a aportar cierta modernidad y no tanta vulgaridad de la que hace gala. Va a tener razón la reina Sofía cuando, a raíz de la boda de su muy amadísimo hijo, el príncipe Felipe, declaró que no era malo “plebeyizar” la monarquía.

Empecemos por desterrar la reverencia, los taconazos, la inclinación de cabeza y demás zarandajas, nada que ver con el respeto debido a las reales personas.

Cierto es que no hay que llegar al comportamiento de Michelle Obama cuando echó su mano negra y plebeya al hombro de la reina Isabel de Inglaterra, durante su primer encuentro con motivo de la visita del presidente norteamericano al Reino Unido.

Estoy seguro que Michelle Obama conoce el protocolo al detalle pero lo adapta a su forma de ser. Se olvida que no se trataba de un encuentro ínter pares. Mientras ellas es, tan solo, la consorte, aunque lo sea del presidente de Estados Unidos, Isabel II, independiente de ser la reina más reina del mundo y la decana de todos los que lo son, es la Jefe de Estado de Gran Bretaña y, además, tiene 86 años.

Aunque a veces el protocolo está para saltárselo, como dice don Juan Carlos, no hasta el extremo de pasar la mano por el lomo real. Tampoco es eso. Pero mucho menos, arrodillarse.