El Rey no estuvo cazando…

Soy un buen creyente que cuando peca se arrepiente y un buen periodista que, cuando se equivoca, rectifica. A veces, las fuentes te confunden, te equivocan o te desinforman. Como en esta ocasión. Aunque la “noticia” me sorprendió por la frivolidad que ella demostraba, no es cierto que Su Majestad dedicara, uno de los días más críticos de su reinado, a cazar. Según me informa Ramón Iribarren, el eficientísimo Jefe de Prensa de la Casa que hoy abandona su cargo, don Juan Carlos permaneció todo el día en su despacho de Zarzuela siguiendo el desarrollo de las declaraciones de su impresentable yerno.

Rectificado y aclarado queda.

Iñaki Urdangarin, el duque consorte, ha demostrado, durante las 24 horas de interrogatorio, (15 por parte del juez José Castro) que es un cínico, un embustero y un cobarde. Culpa a su ex socio y amigo Diego Torres, desvincula a su esposa, la infanta Cristina, salpica a Camps y a Rita Barberá amén de no recordar nada, de negarse a contestar y hacerlo con evasivas y siempre faltando a la verdad.

Llegó a alterar de tal manera a Su Señoría que éste, frustrado por las evasivas y mentiras, tuvo que decirle: “Para esto mejor que no hubiera venido”.

Cierto es que el señor Urdangarin no se encontraba ante el juez voluntariamente sino obligado por las circunstancias de ser imputado. Y lo hizo con cierta arrogancia.

Fue tal el cúmulo de evasivas del yernísimo, que el juez amenazó con llamar a la infanta. Según él duque, su papel en toda esta trama era, como el de ella, testimonial y representativo. Como mucho, mediador, conseguidor y recaudador. ¡Qué cara tiene el tío! ¡Qué cinismo la del muchacho!

De lo que no existe la menor duda es que el marido de la infanta nunca se refirió al rey como tal sino como “la Casa de Su Majestad el Rey”. Todo respondía a un guión previamente preparado.

A lo mejor va a ser que su abogado, Pascual Vives, ese letrado tan amable, tan educado, tan mediático, que tantos momentos surrealistas nos ha dado, es mucho mejor de lo que creíamos, mucho mejor de lo que parecía. Por lo sucedido a lo largo de los interrogatorios, preparado sí que estaba su cliente. ¿Ó es que hay un equipo de abogados (se habla del despacho de Horacio Oliva) trabajando en la sombra?

Lo que sí es cierto es que Urdangarin no está solo. Aunque lo parezca. Pienso que tras el lamentable y poco digno espectáculo de aquellas imágenes huyendo a la carrera por las calles de Washington, la Casa de Su Majestad el Rey pudo haber decidido intervenir. El cambio ha sido radical: un Iñaki amable, correcto y hasta digno. Nada que ver con aquel otro invadido por el pánico.

Lo que no está claro cuál fue el motivo por el que Iñaki Urdangarin permaneció, el día de su llegada a Madrid procedente de Washington, seis horas en la Sala de Autoridades del Aeropuerto de Barajas, antes de trasladarse al Palacio de La Zarzuela, donde se alojaría en compañía de su esposa, la infanta Cristina.

Para algunos “expertos”, el duque consorte de Palma habría estado esperando a que el rey viajara a Barcelona, para no coincidir con él en la residencia real. ¡Ni que La Zarzuela fuera un chalecito de tres habitaciones, salón comedor y baño!

Además, los duques de Palma se alojaron en el pabellón de invitados, sito en una de las alas del palacete.

Una pregunta que se hace el personal: ¿Cómo siguió la Familia Real la comparecencia del yerno ante el juez?